Qué se dice
Vigilar a los profesores

Las máximas autoridades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo merecen una felicitación por haber creado un departamento que se ocupará de recibir las quejas y denuncias que puedan formular estudiantes en torno a ciertos comportamientos de profesores; ya sea que incumplan reglas de docencia o se muestren incompetentes.

Pero también porque el acoso sexual existe allí aunque no se pregone. Por diversas vías se escucha a veces el runrún sobre presiones que ejercen algunos docentes de poca ética que al tener en manos la suerte de indefensas alumnas, aplican criterios muy subjetivos al calificar exámenes o al retener resultados que son imprescindibles para ingresar al semestre siguiente. Se trata de episodios en los que surgen insinuaciones e invitaciones que nada tienen que ver con los libros. En una casa de estudios de las dimensiones de la UASD, sobrepoblada de profesores y alumnos de diversas condiciones sociales y morales, pueden darse, aunque solo sea en casos excepcionales, algunas desnaturalizaciones de las relaciones que correctamente tienen que primar en las aulas. Sobre todo si no existe una instancia a la que el estudiante pueda llegar para formular denuncias responsables sin estar expuesto a represalias. De ahí que sea motivos de celebración para la gran familia de la UASD la decisión del Consejo Universitario de abrir ventanillas ante las cuales podrán exponerse reclamos. Así se sabrá claramente hasta dónde podría estar llegando el acoso sexual.

El Planeta se trastorna

El cambio climático se ha convertido en el tema dominante. Expertos y autoridades de todos los países convocados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y por otras entidades especializadas, se reúnen continuamente para analizar los resultados de estudios sobre las posibles consecuencias del calentamiento global causado básicamente por la quema de combustibles fósiles. Las proyecciones indican que el aumento de temperatura que está en marcha en el Planeta va a trastornar el comportamiento de la atmósfera, con efectos sobre amplias zonas pobladas. Habría grandes períodos de lluvia o sequía; oleadas de huracanes más intensos que de costumbre, y una elevación de los niveles del mar en perjuicio directo de los asentamientos humanos situados cerca de los litorales y en islas como La Hispaniola. Ante un panorama así descrito, República Dominicana debería reaccionar con urgentes enfoques sobre los efectos locales de estas alteraciones de la naturaleza. Procede convocar a nuestros profesionales de la geografía, la meteorología, la ingeniería, la planificación urbana etcétera. La sociedad tiene que crear ya su propia visión de este problema común a la humanidad y comenzar a desarrollar estrategias, de común acuerdo con asesores internacionales, comenzando por establecer temprano cuales áreas del territorio nacional estarían más expuestas al impacto o penetración de las aguas del mar, y qué podría hacerse para atenuar los daños.

No todo es jolgorio

Las congregaciones evangélicas y pentecostales muestran feligresías cada vez más numerosas en actos públicos celebrados en grandes estadios, al tiempo que la Religión Católica Romana deja ver también un poder de convocatoria mayor al de otros tiempos. La participación de muchachas y muchachos en las concurridas reuniones y actividades de la Pastoral Juvenil que dirige a nivel nacional el padre Luis Rosario, demuestra que los asuntos de la fe son una opción para muchos aun en días como estos en que ir de veraneo parece la actividad preferida. El consumismo se desborda, ciertamente, y muchos tratan de saciar su sed de playa y esparcimiento, situación que el comercio en general aprovecha haciendo que toda su publicidad gire en torno a los paseos y los balnearios. Así lo religioso parece quedar en un segundo plano. Pero es verdad las prácticas religiosas también alcanzan importancia en las ciudades con la participación de muchos miles de ciudadanos en los cultos de la Semana Mayor. En el caso particular de la Iglesia Católica es oportuno destacar que esta milenaria y fundamental institución cristiana ha resuelto en República Dominicana una escasez de vocaciones sacerdotales que la agobiaba hasta hace poco, y que nuevas promociones de seminaristas aportan renovados liderazgos parroquiales a la feligresía apostólico-romana. Además, ya es cosa superada la suposición de que a las iglesias acuden mayormente las mujeres y los niños. En estos tiempos los hombres también se integran a las oraciones y llenan los templos.