¿Qué tipo de padre es usted?

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POR FÁTIMA ÁLVAREZ
El mundo actual es un mundo en perenne transición. Los patrones establecidos en el pasado ya no nos sirven y es muy probable que los practicados hoy, mañana no tengan ninguna validez.

Todos estos cambios afectan a la familia y los nuevos patrones familiares que se van creando a diario. Los nuevos modos de ser familia distan bastante del padre proveedor de antaño, al que los hijos tenían como una figura lejana y distante, que veían en ocasiones y que nunca se involucraba en nada que no fuera un revoltijón de pelo y un “¿cómo estás?”.

Quiéranlo los padres de hoy o no, la familia actual es otra cosa, y los padres que quieran ser parte de ella tienen que adaptarse a los cambios y necesidades de sus hijos.

Pero la realidad es que esto trae desajustes emocionales y sociales que inciden en la relación padre-hijo.

La madre de hoy está en la calle, asumiendo de igual forma –y en muchos casos, de mejor forma–, el papel de proveedora junto al padre–, por lo tanto, la labor de criar y formar hijos para el futuro recae en ambos miembros de la pareja, que tienen que organizar su tiempo para compartir las labores educativas y las de la casa.

La misma educación escolar, que asume cada vez menos su función, demanda de ambos padres para asumir su papel pedagógico, e incluso, el aumento de la delincuencia, la violencia social y la criminalidad, es considerado desde una óptica crítica por la sociedad civil y los sectores de poder como resultado de una formación en la que el padre no tuvo participación, entre otros factores.

Esto significa que los padres actuales están sometidos constantemente al escrutinio social sobre el tipo de relación que tienen con sus hijos que, tomando en cuenta que la actitud machista y patriarcal de antaño no permitía análisis de este tipo, significa que nuestros “machos-papás” están viviendo una etapa de “crisis existencial” en lo que a su paternidad se refiere, lo que les crea angustia, preocupación y desorientación.

Lo cierto es que los padres de hoy tienen una preocupación legítima por modificar su conducta en beneficio de su relación con sus hijos, pues hoy no les basta ser “el que lleva el dinero a la casa”, en parte por una nueva asunción de responsabilidades, y en parte, la mayor, por los cambios que se han producido al interior de las familias y que exigen la presencia activa, positiva y propositiva del progenitor en las etapas formativas de sus hijos.

Como la mayoría de los padres de hoy no tienen referentes de paternidad positiva, están desubicados en lo que debe ser su nuevo papel. Por esto, psicólogos conductuales y profesionales de la relación familiar han estudiado las tipologías más frecuentes y han detallado sus características, a fin de que los padres interesados en desarrollar positivamente su relación con los hijos, se evalúen y busquen en sus actitudes los elementos que ayudan o desorientan al hijo en formación.

CUAL ES USTED

Como educar no es el resultado del estudio de un manual, cada padre intenta, con lo que tiene, hacer lo más exitosa posible su labor.

 El “Missing”: este tipo de padre es el típico proveedor. Cumple con  dar bienestar económico a la familia, pero se desliga de toda responsabilidad, dejándola sobre los hombros de la madre.

 El “super protector”: es aquel que, aunque reconoce la complejidad del mundo actual, no considera a su hijo, de forma inconsciente, capaz de enfrentarlos.

 El “que tiró la toalla”: En este caso, el padre se maneja como un simple observador de la realidad, de la que no toma parte. Prefiere ser un padre condescendiente antes que un padre comprometido. No entiende el nuevo mundo que tiene ante sus ojos y se siente invalidado para asumirlo ante su hijo.

 El “compañero y amigo”: Es el padre consentidor. El que cede su responsabilidad paterna para hacer el papel de “amigo” de su hijo, sin muchos compromisos y con altas dosis de complicidad.

 El “estresado”: El “estresado” es aquel padre para quien el manejo de su propia vida ya es suficiente motivo de crisis, por lo que asumir otras resonsabilidades va más allá de sus posibilidades reales. Más que proteger, este padre busca protección y más que atender, demanda atención.

 Por último está el “padre-padre”, que es el que asume su papel con alegría, consciente de sus limitaciones, pero buscando perpetuamente el superarlas. El que conoce sus capacidades, pero al mismo tiempo las ve en los demás, por lo que no coarta, ni impone.

Este tipo de padre sabe que falla con frecuencia, por el hecho de ser humano, pero no por eso se arredra ante la responsabilidad de acompañar a su hjo en el proceso de crecimiento y desarrollo.