¿Quien creó a Jesús, creó a Satanás?

Un cantautor en boga, no cree que un Dios bueno creara a Mefistófeles. Quiere decir que si Dios hizo al diablo, Dios, entonces, es malo, o no existe.

Dios creó al hombre, varón y hembra, a imagen y semejanza, no idénticos a él.

Pero creó con esmero y a mayor semejanza, a Lucifer, príncipe de ángeles, todo belleza y lucimiento. A dicho personaje, igual que a nosotros, se le dieron virtudes o capacidades, entre estas, el libre albedrío. El libre albedrío, bien analizado, es difícil de entender. Es una capacidad de escogencia entre opciones, sin causa alguna que incline a preferencia. Lo cual es imposible, porque siempre hay condicionamientos previos que me inclinan en un sentido u otro. Por tanto, la elección absolutamente libre e incausada, no existe, aunque tengamos la sensación gozosa de plena libertad, cuando elegimos lo que armoniza con nuestros deseos y sentimientos. Pero abundan los micro momentos, estados de precario equilibrio que permiten a  nuestro yo más íntimo inclinar la balanza. Cuando ese elemento interior, que es nuestro espíritu, está al mando, por encima de nuestra carnalidad, de nuestros instintos, nuestra cultura y nuestros grupos primarios, entonces vivimos la mayor libertad posible.

En nuestra naturaleza está el plan de Dios, igual que el ADN y los cromosomas. Bajo normas de libertad y probabilidad, porque no quería Dios robots para compartir su reino de luces y gloria. También nos dio capacidad de someternos unos a otros en amor. O de usarnos y desecharnos mutuamente. Padecemos duros momentos de lucha, carne y el deseo, por un lado; entendimiento y raciocinio, por el otro. Aún en cientistas e intelectuales, conocedores de sus efectos tóxicos, puede más su vicio que su sapiencia.

A Satanás lo venció su orgullo, el mismo que mueve a tantos hombres de luces a creerse rivales de los dioses y hasta borrarlos de sus mapas cognitivos. A otros los vencen sus propios genitales o sus estómagos, o el insaciable hacer su indómita gana, (incluida la de suicidarse). O, como dice un personaje en una novela, creo que de Steinbeck:  “Aceptaría creer en Dios, con tal de que no se meta conmigo”. Otros prefieren la Nueva Era o el budismo, que invitan a cada cual a ser dios: Lo mismo que Satanás le propuso a Eva.

De modo que Dios creó a Satanás y a Jesucristo. A Joaquín Sabina,  a Saramago, a usted y a mí nos dio la capacidad de inclinarnos al uno o al otro. Y de que cada día, con nuestros actos, nuestra libertad de pensar y escribir,  vociferar o cantar, lo que place o conviene, hagamos este mundo peor o mejor.