¿ Quién entiende esto?

El Hospital Regional Doctor Antonio Musa, de San Pedro de Macorís, está en condiciones deprimentes.

La falta de medicamentos, material gastable, oxígeno, quirófanos, plantas generadoras y ambulancias en buenas condiciones y otras limitaciones han transformado este centro de referimiento en un almacén de enfermos.

Los médicos que trabajan allí han denunciado que han muerto pacientes que hubiesen sobrevivido si el hospital hubiese contado con lo necesario para asistirlos debidamente.

Se trata de un hospital que le costó mucho dinero al Estado y cuya construcción respondió a necesidades reales.

En contraste con el abandono del Antonio Musa, el Presidente Hipólito Mejía promete que para febrero del año próximo estará terminado el hospital de Los Alcarrizos, una obra que en 1995, cuando fue iniciada, costaba RD$85 millones y que ahora cuesta RD$129 millones.

Los residentes en el área de influencia de ese hospital merecen esa obra y otras más, de bien social. No están en tela de juicio sus merecimientos, pero tememos que están siendo minimizados los de los habitantes de las regiones a las cuales rinde servicios el Antonio Musa.

Lo que no se entiende es que se prometa vestir un santo cuando a otro se le están cayendo a pedazos las vestimentas, es decir, que se haga el compromiso de concluir el hospital de Los Alcarrizos sin proveer de lo necesario el de San Pedro de Macorís. Lo ideal sería que se hagan ambas cosas, pero en términos reales las prioridades están a la vista si se toma en cuenta que los residentes en Los Alcarrizos tienen acceso a todos los hospitales enclavados en la capital.

[b]-II-[/b]

Lo que estamos comentando no es ninguna novedad, sino más bien una cultura, una práctica que ha marcado el paso del Gobierno en muchos aspectos.

Son actitudes que dan pie a la sospecha de que detrás de ciertas obras hay conveniencias para individuos o grupos, sean políticas o económicas, pues muchas veces se actúa de espaldas a las prioridades y se dirigen las acciones en dirección equivocada.

El abandono de los hospitales, desabastecimiento de medicinas y atrasos en la entrega de las correspondientes subvenciones ha sido una constante tan persistente, que hasta el propio secretario de Salud Pública se ha quejado públicamente de ello.

En estos tiempos, cuando el dengue se expande por todo el país como una epidemia incontrolable, no es posible que estemos actuando de manera que parece fuera de lógica.

Nos preguntamos si la terminación de un hospital cuya construcción fue iniciada en 1995, como el de Los Alcarrizos, puede tener más carácter prioritario que el abastecimiento de medicinas y equipos en centros asistenciales que ya están en servicio y que atienden pacientes actuales, desde el momento, que están abandonados a su suerte, como ocurre con los enfermos que acuden al hospital Antonio Musa.

Entre las muchas cosas que necesitan rectificación en este país, está el criterio que aplica el Gobierno para juzgar las prioridades y decidir sobre lo que conviene más en un momento determinado. La política de salud ha sido ejemplo de manejo inconsecuente con la realidad de un país que necesita fortalecer la asistencia preventiva y mantener servicios adecuados en los hospitales.