¿Quién fue el que mató a Perico?

Por BEATO LEO
¡Perico! ¡Perico! ¡Quítate de la vía! ¡Que te quites de la vía, que ahí viene el tren! Chu-chu-chu-chu-chu…Y ¡cataplúm! Del pobre Perico sólo nos quedó el recuerdo. Voló por los aires como un reloj de a peso enrollado en el pico de un gavilán pollero. Todavía lo andan buscando.

Pero…¿quién fue en realidad el que lo mató, eh?

“Si yo hubiera sabido que Perico era sordo, yo paro el tren”.

¿Recuerdan ustedes aquella guaracha-salsa del Gran Combo?

Pues esa misma salsa se han estado danzando en esta ciudad de Washington últimamente.

“Asumo toda la responsabilidad” -proclamó hace unos días el Director del FBI (Buró Federal de Investigaciones), Robert S. Mueller. “Acepto toda la responsabilidad y reconozco que algunos agentes bajo mi supervisión han violado la ley”. Y san se acabó. Pero es que no se trata de cualquier ley sino que se trata de la Constitución misma de la República. Se les acusa de espiar impunemente y sin base alguna contra inocentes ciudadanos estadounidenses. “Si, pero yo acepto toda la responsabilidad”, afirma Mr. Mueller como si eso lo absolviera de toda culpa. Lo mismo dice ahora el Procurados General, Alberto González (que de hispano solamente tiene el nombre porque no sabe decir en español ni una palabra).

Desciende de chicanos (cruce de indio con mejicano) que se ganaban la vida recogiendo cebollas en Texas pero de eso el flamante Procurador ya ni se acuerda. “Acepto toda la responsabilidad y reconozco que se han cometido errores en mi despacho en el pasado pero estoy dispuesto a corregirlos. Yo he luchado mucho en mi vida”. ¿Y es que eso automáticamente lo absuelve? Es la lógica mas peculiar del universo. Parecida a la de George Bush: “Reconozco que se han cometido errores en la guerra de Irak”. ¿”Errores”? ¿Una guerra basada en una mentira central al mundo y al pueblo norteamericano? Esta manera de pensar ha imperado en Washington desde el 2001, después del 11 de septiembre del 2001 (9/11). ¿Estrategia o coincidencia?. De los noventa y dos fiscales federales nombrados por la Casa Blanca, en menos de una semana despidieron a dieciocho acusándolos de haber sido blanditos en ejercer sus funciones. Todos son republicanos y se negaban a abrir casos políticos contra congresistas demócratas. Alberto Gonzáles nos recuerda aquella otra guaracha de Daniel Santos: “Yo no sé nada, yo llegué ahora mismo. Si algo pasó yo no estaba aquí” Pues, además, afirma que no estaba al tanto de lo que estaba pasando. Así mismo como suena. A los 18 fiscales federales los cesantearon al unísono y sin razón alguna. “Yo debí saberlo pero no lo supe. Sin embargo, asumo toda la responsabilidad”. Y punto. Y al que no le guste que no le guste. ¿Terminará renunciando? Es la lógica más peculiar del mundo desde que este tipo de personajes invadió esta ciudad de Washington, a raíz de que George Bush declarara la guerra contra el terrorismo. Una guerra que, en definitiva, no es ninguna guerra porque “terrorismo” es una táctica, no un país enemigo. Lo que existen son dos invasiones consecutivas contra dos países distintos del Oriente Medio, Afganistán e Irak (y posiblemente Irán) y donde han muerto impunemente más de un millón de seres humanos. ¿Desde cuándo la aceptación de culpa se ha convertido en exoneración de evidencias? Como en el principio legal clásico de que “a confesión de parte relevo de prueba” ahora nos quieren vender gato por liebre como si con eso estuviera todo resuelto. Ahí es donde la pueica empieza a retorcei ei rabo, como decía mi abuela. ¡Y de qué manera! Porque a Perico quien lo mató no fue ningún tren sino una ciudadanía robotizada que no tiene ni la más remota idea de lo que le está sucediendo. Le han estado robando sus derechos civiles bajo sus propias narices sin apenas darse cuenta.