¿Quién genera la mentira?

19_09_2016 HOY_LUNES_190916_ ¡Vivir!2 C

Hace unos días escuché a un niño decirle una mentira a su padre. Los observé y vi cómo ni uno ni otro se creían el episodio. Un interrogatorio más profundo sacó la verdad y el enojo no se hizo esperar.
Mi amigo se giró y me preguntó: ¿Cómo hago para que no me mienta? Ladeé la cabeza sin saber cómo responderle. ¿Le decía que los humanos mentimos? ¿Qué él también miente? ¿Qué el niño es un potencial sicópata?
Decidí explicarle más profundamente lo que pienso de las mentiras y ocultadas de verdad.
Cada persona tiene su historia, somos influenciados a tomar decisiones y los niños no escapan a ello.
Muchas veces creemos que aprendieron a mentir porque vieron a otros, lo que puede pasar, pero creo firmemente que en la mayoría de los casos es por su instinto de conservación. Pensemos en alguna mentira, u ocultada de verdad, que hicimos en los últimos días… Quizá algo que no le contamos a la pareja, una mentira sutil a los hijos o a algún familiar. Podemos ir desde no decirles lo mal que le quedaba una ropa hasta contarles algo diferente a lo sucedido en realidad. Quizá tenga que hacer una pausa en la lectura para recordar toda la historia.
¿Por qué lo hizo? Posiblemente no quería críticas o dañar a alguien. Quizá no estamos dispuestos a que intenten cambiar nuestras decisiones, pues sean productivas o no, ya decidimos. ¿Cuántas veces escuchamos reproches por algo que hicimos? Desde pequeños tenemos que estar defendiéndonos para no recibirlos, pues generan emociones muy dañinas, y hasta golpean nuestra autoestima. Los pequeños tienen muchos frentes para defender: la escuela, los hermanos, los padres, los tíos, los abuelos… Cualquiera que pueda reprocharles por algo que hicieron se puede encontrar con una respuesta que no será del todo sincera. En algunos casos les pedimos sinceridad y luego los castigamos. En otras ocasiones ofrecemos indulto si son sinceros. ¡Qué paradoja!
¿Por qué las personas les cuentan la verdad a otros no involucrados? Muchas mentiras las generamos nosotros con nuestra reacción. Si soy el tío de confianza no me mienten, yo no castigo ni reprocho, quizá puedo guiar. No puedo ser tío de mis hijos, pero sí puedo intentar guiarlos y hacerlos aprender de sus y mis errores. El camino es largo, pero: ¿se atreve a convertir el próximo reproche en una frase que guíe y enseñe?