¿Quién merece el voto?

Merece el voto en las urnas del venidero 16 de mayo, aquel candidato que nunca le haya dado las espaldas a la patria en los momentos de angustia ni en sus horas de aflicciones: aquel candidato que no haya llevado lágrimas a los ojos de ningún hermano ni haya enlutado ningún hogar dominicano; aquel que no se haya tragado con desmesura y voracidad el sudor de los campesinos ni las fuerzas y los esfuerzos de los obreros.

Merece el voto en las urnas el próximo 16 de mayo, aquel aspirante que haya experimentado condolencia por los que navegan hacia la muerte, en las destartaladas yolas que abandonan riesgosamente las playas orientales de la República; aquel que haya sabido apiadarse de las desvalidas y preteridas mujeres quisqueyanas, que en América, Europa, Asia y Africa, ofertan sus carnes y sus caricias en los infamantes lenocinios donde se hacinan “las frutas caídas del árbol frondoso y alto de la vida”.

Particularmente yo afirmo, que mi voto sería por un candidato que como Cristo se atreviera a decirle a un poderoso similar al publicano Zaqueo, poseedor de ánforas, alfombras y ricas cortinas: “¡Zaqueo, usted es un ladrón!”.

Y a la inversa, mi voto sería en contra de cualquier Harpagón, que en forma zoezmente descarada y airada se proclame: dueño de bancarias cuentas, tanto dentro como fuera de la esquilmada y robada nación dominicana.

Mi voto sería por quien con ánimo de un Jesús de Galilea, con látigo en la diestra arremetiera contra sayones, saduceos y fariseos, porque la casa de su padre es “casa de oraciones y no cueva de ladrones”.

Para yo votar. Yo que soy alérgico al continuismo y al reeleccionismo, necesitaría encontrar un candidato que sea diametralmente opuesto a la falsa moral de Tartufo. Tartufo ha sido el máximo intérprete del fariseísmo. El fariseísmo es la quintaescencia de la hipocresía.

La hipocresía es la absoluta negación de todas las virtudes. Jalil Gibrán ya habló de ese engendro de cobra y anaconda que es el hipócrita.

“El galileo Jesús despreciaba a los hipócritas, y su ira era como una tempestad que los barría. Era su voz un trueno en los oídos de los hipócritas. El los perseguía.

Jesús no condenó acerbamente al mentiroso, ni al ladrón, ni al asesino; pero condenó severamente al hipócrita de rostro enmascarado y mano enguantada”.

Pero, eso sí. Cierto es que el voto representa un deber y un derecho. El perredeísta no reeleccionista, que eche su voto, sin hacerse reo del continuismo malévolo y lilisero. Será voto de repudio al continuismo procaz, testarudo y sibarita. Así será.

Mi voto sería en las urnas del venidero 16 de mayo… mi voto sería por el que pueda decir como Francisco Gregorio Billini (Gollito).

“Las banderas desplegadas son blancas y no tienen una gota de sangre. Desciendo del poder, alta y serena la frente, limpias y sin mancilla las manos del oro corruptor del peculado”.

Francisco Gregorio Billini (Gollito) al abandonar el solio presidencial, tuvo que buscar a rédito ciento pesos prestados.

El puro e inmaculado Gollito el padre literario de Baní y Engracia y Antoñita, dijo: “Desaparezca mi personalidad vana y efímera y que se levante la República grande e inmortal”.

Gollito fue un repúblico y otros no pasarán de ser: una vergüenza pública.