Quien quiera azul celeste, que le cueste

El Estado no puede resolverlo todo, ¡qué pena! Es preciso aplicar las disponibilidades con un estricto plan de inversiones y gastos que permitan una buena administración.
El orden de prioridades debe ser establecido de acuerdo con los intereses de la mayoría. Hay asuntos cuya solución corresponde al sector privado y otros que corresponden al sector público.
En estos tiempos, el poder de los medios de comunicación se ha centuplicado con el uso masivo del internet, que permite machacar un anuncio o un reclamo tantas veces que parece como si la mayoría estuviera de acuerdo con lo que se publicita.
Se repite una petición desde distintos puntos de vista, tantos que en ocasiones logran confundir. No debemos permitir que nos venzan por repetición, porque unos son más activos o están más alertas que otros.
Hay un sector que impone sus deseos, sus caprichos, si se quiere, mediante el uso de argumentos con poca fuerza, pero, llamativos como disfraces de diablos cojuelos.
Claman por la construcción y adecuación, para que estadios dominicanos tengan las condiciones requeridas que permitan la celebración de juegos de beisbol de las Ligas Mayores de los Estados Unidos.
¡Excelente!, podríamos asistir, en nuestro propio patio, a una demostración de la quintaesencia del deporte del bate y la pelota. ¡Muy bien!
La inversión multimillonaria permitiría el disfrute de ser espectadores presentes en los estadios que se adecúen para esos fines.
¿Y qué se precisa para que el sueño de algunos “fiebruses” traslade el placer de estar presente en un juego de beisbol de las Grandes Ligas? invertir millones en las plantas físicas de los estadios.
Es interesante ver, leer, escuchar cómo se levantan voces vinculadas al beisbol profesional para abogar porque se celebren en el país juegos de las Grandes Ligas.
Tal reclamo se parece al de aquellos que querían tener la mejor fiesta para determinada ocasión y salieron por el pueblo a pedir colaboración para montarla, como la propuesta era atractiva muchos cooperaron, de manera generosa, para que se pudiera realizar el encuentro. El día de la celebración los porteros sólo dejaban entrar a quienes pagaban un boleto bastante costoso.
La mala costumbre de pedir que el gobierno intervenga en asuntos que corresponden al sector privado, se ha hecho una práctica que, por habitual, se acepta como buena y válida.
La propuesta dejará pingües beneficios a ingenieros, planificadores y otros técnicos, a suplidores de luces, bombillas, asientos.
Que el gobierno no gaste un centavo para la construcción y adecuación de esos estadios, para que se celebren dos o tres juegos de exhibición cada año. Ese es un problema del sector privado, de los que negocian con el beisbol. De los que van a cobrar por la entrada a los jugos.