Racionalidad y carga fiscal

Las buenas causas de un Estado social y democrático como trata de ser el dominicano, tienen en el pago de impuestos una obligada fuente nutricia que debe estar sometida a gradualidades para recaer sobre las rentabilidades y beneficios que obtengan los individuosy las entidades. Cuánto ganas cuánto aportas a la redistribución de ingresos que pueda dar homogeneidad al desarrollo. El recaudador no puede permitir que de su accionar escapen “peces” de gran tamaño, y justamente, las exenciones que concede deben quedar legitimadas por los frutos que derivan en creación de empleos y propensión a soluciones de problemas de nivel colectivo a través de incentivos, que no siempre incluyen a los que másmerecen, para fomentar la diversidad de actividades productivas.

En la otra cara de la moneda está el riesgo de que el efecto de algunos propósitos de recaudación no bien concebidos recorten alas a entes menores y medianos succionando liquidez y capital; que de ese resultado socialmente negativo también se habla en este país. La reducción de evasiones y elusiones como meta justiciera debe avanzar con equidad hacia todos los niveles de negocios sin consecuencias penalizadoras para unos y de privilegios para otros. Suprimiendo tratamientos desiguales evidenciados en el crecimientos espectacular de caudales corporativos contrastantes con servicios públicos como los que se logran en el marco de la Seguridad Social.

Hacha y machete contra las  dunas

Nunca tendrá autoridad alguna una explicación razonable para las depredaciones sobre espacios de la naturaleza de incalculable valor, específicamente protegidas por letras que no deben estar muertas y menos aun si existen muy a la vista. Es lo que ocurre con Las Dunas de Baní, santuario de especies y patrimonio que no debería perder la condición de intocable.
Si las autoridades no tienen ojos suficientes y extendidos por la geografía nacional para descubrir saqueadores y sacionarlos, o si reservan sus miradas para la aprobación imperdonable, el área ambiental dominicana está en grave desprotección. Las Dunas no se encuentran situadas al otro lado del mundo; sino casi a doblar de cualquier esquina banileja como para que no se sepa que las destruyen o que las autoridades sean las últimas en reaccionar.