Racismo dominicano o el cuento de nunca acabar

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FERNANDO I. FERRÁN
  Tan sólo en los últimos 45 días, el país tuvo que responder un cuestionario de 19 preguntas ante el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación Total de la Discriminación Racial y la Xenofobia, en Ginebra, Suiza. Se vio enjuiciado por su práctica de los derechos humanos, en un Reporte anual de Estados Unidos. Y contó con cinco minutos, también en Ginebra, para defenderse de las opiniones expresadas en el documentos de los dos relatores de Naciones Unidas que fueron invitados a visitar el país por las autoridades dominicanas el pasado mes de octubre.

Todo lo anterior reaviva la polémica. Solo que un error, aunque se le repita mil veces, sigue siendo un error. Y una verdad, aunque se la oculte otras tantas veces, seguirá siéndolo por el solo peso de las pruebas que la avalan.

Es eso lo que pretendo dejar en evidencia tomando como punto único de examen la dimensión metodológica del controversial “Informe Diène-McDougall relativo a las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia e intolerancia en República Dominicana”, presentado el pasado 19 de marzo ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza.

1.  Metodología inherente al Informe Diène-McDougall.                                                                             

La metodología utilizada por Doudou Diène y Gay McDougall evidencia un vicio de forma: a saber, se autolimita a reportar el ámbito exclusiva y unilateralmente subjetivo de testimonios y de alegatos que ellos transcriben sin cuestionar ni comprobar su veracidad de manera objetiva. Este modo de proceder conduce de manera ineludible a conclusiones que no superan el subjetivismo de quienes sirven de informantes y convierte a los relatores, –probablemente de manera involuntaria–, en cómplices de la información servida.

La metodología en cuestión consta de dos momentos (Ver, en el Informe original, párrafos 1, 12 y 13):

-La referencia a un conjunto de tratados y acuerdos internacionales ratificados por República Dominicana que conforman el marco de referencia normativo que el país se ha comprometido a respetar. Y

-Una serie de consultas realizadas a testigos particulares, con el propósito de establecer si el Estado dominicano, la sociedad dominicana o sectores de ésta cumplen con sus compromisos nacionales e internacionales.

2. Límite del procedimiento seguido

El límite reductor de la metodología de Diène y de McDougall salta a la vista a lo largo del documento de referencia:

En ningún momento del proceso se verificó de manera objetiva e independiente si las denuncias y las acusaciones reportadas tenían o no un asidero objetivo en la realidad; y tampoco, si las posibles discrepancias entre lo que ellos observaron durante su estancia en el país eran real y objetivamente desacatos censurables. 

No hay un solo párrafo en todo el documento que contenga un análisis crítico acerca de la eventual veracidad de los alegatos vertidos por Diène y por McDougall sobre un papel que todo lo soporta.

3. El alegato de inconstitucionalidad

Peor aún, el Informe Diène-McDougall llega al extremo de comparar realidades distintas y a darle más credibilidad a simples denuncias que a argumentos objetivos. Ejemplo de esto: el alegato de inconstitucionalidad y de xenofobia con que enrostran a las autoridades dominicanas por no reconocer ni conceder la nacionalidad dominicana a los nacidos en el país de padres haitianos, cuando éstos permanecen en suelo dominicano de manera ilegal.

Tales denuncias los autores del Informe las asumen como buenas y válidas, sin ponderarlas ni someterlas a discusión. Tan buenas y válidas que, antes de sumarse a la opinión condenatoria en contra del Estado y de la sociedad dominicana, le dan más peso a cualquier alegato que a la tradición constitucional dominicana. Esa tradición, independientemente de su valor histórico y de su racionalidad jurídica, está vigente desde 1929, según lo certifica la Suprema Corte de Justicia mediante sentencia del 14 de diciembre de 2005 al consignar que la ilegalidad no es fuente de legalidad.

No obstante, como evidencia el ejemplo dado, la metodología en mientes lleva a darle más peso a alegatos repetidos de manera frecuente que a la sentencia de la más alta autoridad judicial de República Dominicana. Y por eso, aunque menciona dicha sentencia (Ver, párrafo 69), lo hace a vuelo de pluma como para que no se argumente que ignora su existencia, antes de desconocerla y soslayarla sin más.

Ahora bien, como se verá a seguidas, no todo se queda en hacer afirmaciones sin el debido aval y ponderación crítica.

4. Los grandes inquisidores

A tal extremo llega el vicio de forma metodológico que sustenta el Informe Diène-McDougall que pretende repetidas veces que las autoridades dominicanas emulen al Gran Inquisidor; es decir, que escudriñen y normen el foro interno de ciudadanos dominicanos, desconociendo que lo único que puede regirse en un régimen democrático es el comportamiento objetivo de los ciudadanos.

Sólo así se explica que pretendan enmendar los cánones de belleza de los dominicanos, que se atrevan a enjuiciar el vocabulario popular, y tantas otras manifestaciones íntimas propias al íntimo convencimiento  de las personas. (Ver, párrafos 38, 39, 42 y 43)

De ahí que las tres preguntas que los responsables del documento se propusieron responder (Ver, párrafo 12):  a saber,

 (i)      si hay racismo en el país, y si lo hay,
(ii)      qué grupos son víctimas de él y cómo se expresa, para entonces poder responder
(iii) cómo superarlo,

terminen siendo respondidas de manera tan “pre”-juiciada que se ponga en evidencia el subjetivismo del método que encubren, sin por ello esclarecer el problema que prejuzgan. Y lo hacen de esa manera como si los indios que habitan este lado de la isla no supieran que repetir un error al infinito no lo convierte en una verdad, ni siquiera cuando lo vociferen desde lo más alto de algún castillo construido sobre arena y lo repitan una y otra vez como el cuento de nunca acabar.