Radiestesia, la búsqueda de las energías sutiles

La corteza terrestre está inundada de energías positivas y negativas que conforman un inconmensurable dibujo sobre el que los seres  humanos se mueven  sin apercibirse de su existencia.

Sin embargo, los lugares donde transcurre la mayor parte de nuestra tiempo se establecen allí donde el espacio nos resulta más adecuado estéticamente, sin tener en cuenta los efectos que sobre nuestro organismo puedan estar ejerciendo esos canales vibratorios geopatógenos.

La radiestesia es el grado de sensibilidad que posee cada ser humano para captar las energías más sutiles. Todos tenemos esta sensibilidad innata a ciertas radiaciones; algunos la tienen más desarrollada que otros y son más conscientes de sus efectos sobre el organismo, pero esta capacidad de captación se puede desarrollar o acentuar mediante un trabajo mental consciente. Aunque lo más importante en este asunto es no mantener prejuicios y no caer en la tentación de muchos profanos de ver en estas prácticas cuestiones de brujería.

Según la física moderna y la física cuántica, todo es vibración. Todo irradia una serie de ondas con longitudes variables, lo que confiere a cada parte de la materia una vibración especial o específica. Cuando una persona es capaz de percibir la radiación o la vibración particular de un elemento, órgano o lugar poseerá una información muy precisa de su calidad y de su relación con nosotros.

De la misma manera que si un órgano de nuestro cuerpo está equilibrado o funciona mal, será detectado por la variación en su energía  y vibración, y emitirá ondas diferentes que podremos captar, sucederá con las vibraciones de un terreno o un lugar preciso.

Las personas más sensibles a estas zonas de radiaciones suelen somatizar fácilmente sus desequilibrios y los efectos se presentan en forma de neuralgias, dolores de cabeza, mareos e incluso pérdida de conciencia. Los que no tenemos esta sensibilidad tan acusada nos tendremos que ayudar con el manejo del péndulo, varilla o cualquier otro instrumento radiestésico para encontrar estas energías. La práctica en el manejo de estos instrumentos, sin embargo, nos ayudará a agudizar nuestros sentidos.

Podemos dividir a las personas en tres grupos, dependiendo de la sensibilidad a estas energías: .

Primero se situarían los hipersensibles. Son los que con ayuda del instrumental o no, pueden aportar información acerca de las zonas de acumulación de radiaciones o elementos en principio ocultos o desconocidos al operador.

En segundo lugar estarían los que desarrollan esta capacidad en base al ejercicio de sensibilización.

Por último estarían los insensibles, los cuales por mucho que intenten desarrollar esta capacidad no consiguen percibir estas energías. Sin embargo insensible no significa ser impermeable, también ellos pueden sufrir las consecuencias de la acumulación de las radiaciones. 

EL PÉNDULO Y LAS VARILLAS

Dos de los instrumentos más usados para la búsqueda de zonas de radiación son el péndulo y las varillas en forma de L. El péndulo, está formado por una esfera de material liviano que cuelga de una cuerda o cadena ligera.

Existen innumerables formas y modelos de péndulos, así como de varillas de uso radiestésico. Hay que tener presente que el sensor que capta y codifica la información es el cuerpo en su conjunto, por lo que el péndulo o las varillas tan sólo estarán ampliando ciertas reacciones neuromusculares.

De tal manera que habrá que tener en cuenta que por mucho que nos hablen de las propiedades maravillosas de un péndulo que, eso sí, posiblemente resulte mucho más caro, por péndulo hay que considerar cualquier elemento regular cuyo peso no sea excesivo ni demasiado ligero, que guarde equilibrio  con respecto al eje central, al cual estará fijado, mediante una fina cuerda o cadena. Aunque se recomienda que cada cual elija el péndulo del material que más le atraiga y con el cual se sienta más en armonía.  

Las varillas en forma de L son de cobre, latón u otro material. Se recomienda el cobre por ser un metal con una vibración muy armónica  para el ser humano. Se desaconsejan el aluminio y el plomo, el primero por ser demasiado ligero y el segundo por ser demasiado pesado y por tener un gran poder de absorción de radiaciones. 

Es importante que el peso y la longitud estén proporcionados para que no creen desequilibrios en su manejo. Una vez que se tiene el material adecuado, se doblará en ángulo recto. La longitud puede variar, de 40 a 45 centímetros en la extremidad larga, por unos 15 cm en la corta, con un grosor de 3 a 5 mm., según las dimensiones.

Las primeras prácticas están encaminadas a reconocer los pequeños movimientos que se suceden en las varillas a medida que caminamos. Se coge cada varilla en una mano, sujetándola por la extremidad más corta. Se mantienen los brazos junto al cuerpo con las manos y brazos extendidos formando un ángulo de 90 grados y una separación entre las manos de unos 30 o 40 centímetros.

Se moverán ligeramente las muñecas hasta observar que las varillas oscilan, acercándose y cruzándose en forma de X, o alejándose hasta oponerse la una a la otra. El código de los movimientos es sencillo, cuando estamos en un lugar de energía favorable, nos encontramos relajados y a gusto, por lo que las varillas no sufren reacción alguna, permaneciendo paralelas o ligeramente abiertas.EFE

LA COLOCACIÓN DE LA CAMA

Cuando nos situamos en una zona o lugar que nos produzca agresividad o nerviosismo, nos produce una contracción neuromuscular y causa que las varillas tiendan a cerrarse.

Este método está indicado para situar de forma favorable aquellos objetos o muebles en los que más tiempo vamos a pasar en nuestra casa. Y uno de los más importantes a la hora de su colocación es la cama.

Hay que tener muy en cuenta donde situamos, sobre todo, la cabecera de la cama, ésta ha de ser una zona neutra, limpia de radiaciones. En caso contrario, si situamos nuestro lugar de reposo y sueño en un espacio donde las varillas tienden a unirse,  significará que hay una fuerte corriente telúrica o vena de agua subterránea que estará afectando a nuestro organismo durante horas,  y exponiéndolo a sufrir dolores de cabeza, insomnio o jaquecas que desaparecerán en el momento de cambiarla de lugar.

Por otro lado, conviene también comprobar las zonas de lectura y estudio. Sobre todo para los menores de la casa, que tienen que someterse a largas jornadas de concentración.