Radiografía a la violencia machista

Radiografía a la violencia machista

Fue el código civil napoleónico que negó los derechos de la mujer a trabajar, vender, viajar, heredar, decidir y participar socialmente sin la autorización del marido. También la sociedad patriarcal, legitimó el poder en quien era el dueño de la propiedad o de los medios de producción, para asignarle el control por ser dueño, incluyendo a la mujer y a la familia.

Son siglos de distorsiones y de limitaciones en el sistema de creencia que designa a los hombres roles como: más fuerte, viril, autónomo, de la calle, activos, dominantes, productivos, etc. Mientras que a la mujer la patrifocalidad y el machismo ortodoxo le designaba roles: pasiva, sumisa, dependiente, débiles, de su casa, dócil y sin iniciativas propias.


Es cierto que al cambiar las estructuras socioeconómicas, políticas, culturales, educativas y desarrollo en todos los niveles; la civilización ha emparejado y reconocido derechos, equidad, respeto y relaciones de parejas y familias más democráticas, más justas y menos desiguales en la cultura de los buenos tratos.


Sin embargo, la hiperadaptación al mundo moderno ha representado mayores niveles de miedo, inseguridad y vulnerabilidad de muchos hombres de sentirse abandonados, a ceder el control o compartir la libertad y la autonomía; y, ni hablar, en el plano emocional y afectivo.


Aun los hombres más machos, o más educados, se sienten existencialmente más vulnerables, cuando tienen que desmontar su sistema de creencia basado en poder, controles y posesión. A veces, hasta en pareja de autonomía limitada como plantea el sociólogo Serge Chaumier.


Pero los que nos dedicamos a la psicoterapia, a la revisión de actitudes, a desmontar prejuicios, miedos y distorsiones mentales, sabemos de la resistencia en muchos hombres para entender una convivencia en pareja o familia equitativa, de derechos.


La violencia machista en muchos hombres es ambivalente, irracional y selectiva contra la mujer, pues, los hombres violentos refieren que adoran y reconocen a su madre como figura de crianza; pero también, aman, protegen y cuidan a sus hijas. Pero, confiesan que son violentos, maltratadores de sus esposas, novia o pareja de unión libre.
Es toda una conducta selectiva donde se entiende que se ejerce el poder, la dominación, el control la autopercepción o el reconocimiento social de la superioridad.


La violencia contra la mujer, los maltratos, psicológicos, emocionales, sexuales y de estratos sociales. La violencia de género tiene como complicaciones psicoemocionales: depresión, ansiedad, trastornos somáticos, adaptativos, estrés postraumático, baja autoestima, angustia de separativa, ideas suicidas y dependencia emocional.


El macho maltratador desconoce y minimiza los maltratos. En mi libro: “El Marido Psicópata”, explico cómo se estructura el control y la anulación total para producir la indefensión de la mujer.


La prevención de la violencia debe ser desde la familia, la escuela, la iglesia, los partidos políticos, la música y la cultura.

El desmonte del sistema de creencias que sostiene los hombres que ejercen control y violencia, tiene varias vías: educación, denunciar la violencia, fiscalización y protección a la mujer y la familia, las instituciones trabajan las políticas de prevención de violencia y la justicia, que funcionen en la aplicación de la ley. Las casas de acogida, la ayuda económica, técnica, agrícola a la mujer en condición de dependencia afectivo-financiera necesita de la mano del Estado. Todos debemos proteger y propugnar por una cultura de no violencia machista.

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