Rafael Molina Morillo – Mis buenos días

En ampliación a lo ya dicho sobre la donación de órganos y tejidos, el doctor Fernando Morales Billini, coordinador Nacional de Trasplante, explica a continuación, para los lectores de esta columna, que hay dos maneras de hacerlo:

“Donación de una persona viva a un relacionado. Es un acto de amor, en el cual una persona es capaz de dar un órgano como un riñón, o una porción (parcial), en caso de hígado, o páncreas a un familiar directo sin que medie entre ellos ningún tipo de convenio económico.

“Por donación de cadáver. En un sentido amplio son aquellas personas que fallecen en un centro hospitalario. Representan escasamente el 2 3% de las muertes hospitalarias. El proceso comienza con la detección de un paciente en estado de coma que podría tener un pronóstico favorable o fatal. Si se produce la desgracia y se comprueba que se ha producido la muerte cerebral, podemos considerar el cadáver como donante potencial. En ese momento se inicia un operativo de atención directa con el objetivo de mantener los órganos vitales adecuadamente oxigenados y perfundidos, hasta la constatación por medios clínicos e instrumentales de la muerte y del consentimiento final de los familiares.

“Disponemos de una Ley moderna de Donación y Legado de αrganos y Tejidos para trasplante, promulgada el año 1998 y asumida por la Ley General de Salud en su libro V, que establece dos formas de expresar la voluntad de ser donante: el consentimiento expreso, que puede ser establecido en los documentos públicos (cédula, pasaporte y licencia de conducción), pero para disponer de este dato se necesitan de recursos para informare al pueblo de la metodología para hacerlo; y el consentimiento presunto, que establece que todos somos donantes a menos que en vida hayamos dicho lo contrario, lo que convierte a la familia en la albacea de la voluntad de donar de cada uno de nosotros.

“Uno de los pilares de la promoción de la donación, consiste en que la familia dominicana comente abiertamente este tema y de esa forma pueda definir claramente la vocación de cada uno de sus integrantes. A pesar de que las instituciones que crea la Ley 329 98 deben estar debidamente presupuestadas, los pocos recursos que dispone el Estado se dirigen hacia instituciones privadas, para pacientes privados que pueden pagar y no para aquellos que su enfermedad terminal ha agotado los recursos familiares y solo les queda el hospital público como baluarte de salud para seguir viviendo.

“Esperamos que todos los dominicanos tengan la oportunidad de poder acceder a un trasplante de órganos si lo necesitan y de esa forma contribuiremos a llevarle la esperanza para aquellos pacientes y sus familias que mediante la donación altruista, desinteresada y solidaria de sus conciudadanos les permita seguir viviendo.”

Gracias, doctor Morales, por su orientación.