Rafael Molina Morillo – Mis buenos días

Nuestros dirigentes políticos no acaban de soltar las muletas que los atan al pasado. Siguen amparándose a la sombra de quienes fueron, en su momento, verdaderos líderes, pero que ya no están en el mundo de los vivos y por consiguiente deben ser dejados en paz en su última morada.

Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez fueron grandes en sus respectivas dimensiones, eso nadie lo discute. Pero, con el debido respeto a sus memorias, ya están muertos. Los políticos que han heredado o pretenden heredar sus respectivos liderazgos deberían empeñarse en exhibir al pueblo sus propios méritos, y no refugiarse en los méritos de aquellos maestros.

En las grandes vallas publicitarias y en los spots de televisión de la recién transcurrida campaña electoral, eran frecuentes las fotografías e imágenes de Balaguer, Bosch y Peña Gómez, según el caso, como si éstos ilustres dominicanos fueran todavía candidatos. Y al término de los comicios, cuando ya todo estuvo consumado, se produjeron las consabidas visitas de los políticos a los sepulcros de aquellos hombres, en busca ()será?) de sus sabios consejos y orientaciones.

Me parece que ya es hora de soltar esas muletas. Que cada quién sea cada quién, con sus virtudes y sus defectos, con sus errores y sus aciertos. Y que los manes de aquellos hombres extraordinarios descansen en paz!

Rafael Molina Morillo – Mis buenos días

[b]Las batallas de marzo[/b]

Al conmemorarse hoy un nuevo aniversario de la batalla del 30 de Marzo de 1844, conviene recordar también las otras gestas que direon lugar al nacimiento y la reafirmación de la nacionalidad dominicana. Me refiero a la batalla de Azua, el 19 de Marzo, y al propio episodio de la declaración de Independencia, en una de las puertas de la antigua muralla de Santo Domingo.

Los hisotiradores no se han puesto definitivamente de acuerdo en cuánto a cuál fue la cuna de la República, si la Puerta del Conde o la Puerta de la Misericordia. Como tampoco en cuanto a la fecha de ese suceso, si fue el 26 o el 27 de Febrero. Pero eso no tiene importancia. Lo que cuentan son los hechos, no los detalles.

Sin Azua y sin Santiago de nada hubieran valido los sacrificios de Febrero y los riesgos que corrieron los Trinitarios en la preparación de la hazaña. De manera, pues, que debemos honrar a los heroes de estas batallas con la gran veneración, como verdaderos próceres de la República.

Que ondee hoy la bandera nacional, no solo en Santiago, sino también en Azua, En Santo domingo y en todo el país, como homenaje de recordación y respeto a quienes nos legaron los fundamentos de la Patria que todavía hoy estamos tratando de construir.