Rafael Ventura – Un voto contra la mentira

Se puede engañar a un pueblo una vez, hasta varias veces, pero no se puede engañar a un pueblo toda una vida; porque la verdad tarde o temprano resplandece. Este universal axioma se acaba de presentar en España, en una circunstancia histórica difícil para la comunidad ibérica, después de los terroríficos atentados del pasado 11 de marzo, a menos de cuatro días de las elecciones generales de donde saldría el presidente del gobierno español.

Aunque el candidato del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, fue el derrotado director por el candidato del Partido Socialista Obrero Español, José Luis Rodríguez Zapatero, el derrotado político local es el presidente José María Aznar, y en un plano más universal, fue una derrota al eje tripartito del presidente estadounidense George Bush, el primer ministro inglés Tony Blair y el canchanchán español María Aznar, quienes invadieron con tropas militares a Irak y componen la coalición antiterrorista que mantienen al mundo al borde de un holocausto.

El pueblo español se ha manifestado unitaria y militantemente en contra de la guerra de Irak (más de un 90%) de su población) y en contra de la participación de tropas españolas en el escenario de la guerra, encabezando las columnas Plus Ultra, que además de miles de tropas ibéricas, hay tropas de países ex socialistas, centroamericanos y del Caribe (sólo de República Dominicana).

Teniendo como telón de fondo la aventura guerrerista de María Aznar y su incondicionalidad política al presidente estadounidense Bush, se esperaba que la guerra de Irak iba a ser uno de los temas calientes de la agenda electoral española del pasado 14 de marzo, donde las encuestas daban como favorito al candidato derechista del PP, Mariano Ranjoy, basado en la prosperidad ibérica lograda en los ocho años de mando de María Aznar, sobre todo en el repunte de la industria del turismo que ha colocado a España en la primera potencia mundial.

Pero como nada en política está escrito, y la ciencia política no es exacta, como la química, que se puede obtener el resultado en un laboratorio, como explicaba Juan Bosch, la correlación de fuerza cambió en el panorama político español cuatro días antes de las elecciones generales, con los trágicos sucesos en el sistema ferroviario madrileño, favoreciendo sorpresivamente al PSOE y a su candidato Rodríguez Zapatero.

La coalición antiterrorista de Bush, Blair y Aznar han bombardeado con mentiras desinformadoras al mundo con la misma intensidad con que bombardean con todos tipos de armas de guerra por cielo, mar y tierra al valiente pueblo iraquí.

Como respuesta a esta interplanetaria campaña de desinformación de los gobernantes invasores, el mundo les responde con protestas constantes y masivas, y el primer generoso triunfo de la humanidad por la paz lo acaba de ofrecer el pueblo español, cuyos gobernantes derechistas, insensibles ante el dolor por la tragedia reciente, quisieron utilizar la mentira con fines electoreros, culpando a la ETA, brazo armado de los separatistas vascos, pero varias evidencias aportadas a la puerta de las votaciones indicaban que los atentados fueron ejecutados por los fundamentalistas de Osama Bin Laden, el grupo Al Qaida.

Las pruebas de últimos momentos, más la firme voluntad del pueblo español de no dejarse confundir, porque hace mucho que “le cojió la seña” al presidente Aznar, dijeron un giro epopéyico a la votación de los españoles; y como manifestaron varios electores de Bilbao, la capital económica del País Vasco, después de haber votados en las elecciones, que estos comicios iban a castigar al PP, de derecha. (“Creo que después de estos acontecimientos muchas personas van a votar contra el PP que, por haber apoyado la guerra, está en el origen de esta tragedia”, dijo una joven de 24 años, de Bilbao).

El cambio histórico que se produjo en España es una reacción en masa de los votantes españoles contra los responsables de la masacre, pero también contra los responsables de la desinformación gubernamental sobre los auténticos autores del criminal acto terrorista.

Los ojos del mundo estuvieron atentos a lo que resultaría en las elecciones españolas, después de los atentados momentos antes; pero más que nada en las elecciones españolas se estaba jugando y juzgando el destino de una política antiterrorista, en cuyo eje los españoles son la pieza más débil. Por los resultados electorales esta política avasallante fracasó en España, como también parece que fracasará en los dos restantes países del eje (Estados Unidos y Gran Bretaña) donde los gobernantes están siendo agriamente cuestionados por la opinión pública y por sus respectivos congresos legislativos.