Rastignac y las ilusiones
de pequeña burguesía

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DIÓGENES CÉSPEDES
Según Juan Bosch, fue Buenaventura Báez quien dio a la desorientada pequeña burguesía dominicana baja, media y alta, y a sus capas pobre y muy pobre, la ilusión de que con sus medidas de gobierno la clase media acabaría siendo burguesa. (“Composición social dominicana, p. 203)

Desde aquella lejana promesa hecha por Báez durante su primer gobierno en 1849, la pequeña burguesía dominicana le apoyó, al igual que en el siglo XX a Balaguer y después a Leonel Fernández, porque los tres políticos les vendieron a los pequeños burgueses la idea de los trinitarios de organizar un país según los lineamientos de la burguesía liberal europea o norteamericana.

Esta venta de ilusiones a la pequeña burguesía ingenua, que vive de ilusiones y creencias y las toma por la realidad debido a su ausencia de conciencia clasista y política, explica la larga permanencia de Báez en el poder (cinco veces y casi 20 años), de Balaguer (cinco veces y 22 años) y de Fernández (dos veces, 8 años y amenaza con ganar en 2008 para un total de 12 años).

Desde entonces –siglos 19, 20 y 21– el dominio de la pequeña burguesía ha sido total en la historia dominicana. Su personificación individual la simboliza cabalmente Eugenio de Rastignac, bajo pequeño burgués inmortalizado por Balzac en “La comedia humana” como prototipo del advenedizo, arribista ambicioso y trepador social, carente de escrúpulo y hecho de un cinismo que vuelve creíble a sus pares el cambalache de la ética y los valores morales por el patrimonialismo, el clientelismo y la corrupción.

Rastignac atraviesa indemne el siglo 19 y logra, como los Báez, Balaguer y Fernández, vender sus ilusiones a cuantos toca. A quienes quieran conocer cómo opera Rastignac o practicar su fórmula, tropicalizándola, léanse las siguientes novelas de Balzac donde el personaje aparece como agonista principal: Papá Goriot (1.835), La Maison Nucingen (1.837), L’Interdiction (1.836), Les Secrets de la Princesse de Cadignan (1.8??), Une Tenebreuse Affaire (1.8??), Une fille d’Ève (1.8??), Le Député d’Arcis (1.847) y Comédiens sans le savoir (1.845).

¿Por qué, siendo inmensamente mayoritarios, los pequeños burgueses dominicanos no han podido transformarse a sí mismos y su sociedad en burgueses desde 1844 hasta hoy? Debido a que la acumulación originaria que practican no les ha permitido, a causa de su falta de conciencia política y de clase, convertirla en ahorro e inversión industrial, sino que la han consumido en lujos y vanidades o en reproducirse desde el poder, como hizo España con el oro de América.

Un paradigma de acumulación originaria lo representa en este siglo Leonel Fernández. Al salir del poder en 2000, declaró una fortuna de 11 millones de pesos, aunque antes de ser Presidente andaba en un Volkswagen. Amo absoluto de la Fundación Global, gracias a que desde el poder, con o sin el terror que infunde la negativa a complacer a un Presidente, logró que los empresarios le hicieran un primer aporte de más de 60 millones de pesos para comenzar a operar. Hoy los activos de Funglode, según los papeles que se consiguen por Internet y otros relacionados con Banínter, arrojan más de 600 millones entre la sede de la Capital y la de Nueva York.

¿Por qué no invirtió el favorecido todo ese dinero en los sectores de punta de la economía dominicana (industria, turismo, finanzas, bienes raíces, etc.) y prefirió construirse una oenegé cuyo trabajo improductivo lo único que genera es una empleomanía y un grupo de intelectuales sumisos, o clientela? Porque Funglode es el sustituto del PLD y una forma de reproducción del poder del líder momentáneo.

La inexperiencia acerca de cómo funcionan los negocios verdaderamente capitalistas impiden a la pequeña burguesía, sobre todo si es de corte intelectualoide, embarcarse en invertir lo acumulado en operaciones cuya rentabilidad es a mediano o largo plazo y el temor de perderlo todo ante una crisis económica o la salida del poder es una de las pesadillas más grandes de los pequeños burgueses, es decir, proletarizarse.

Por eso no han dado el salto a burgueses y les han dejado el campo libre a la pequeña fracción burguesa que surgió con Ulises Heureaux y la caña de azúcar a finales de siglo 19 y se consolidó con Trujillo a mitad de 1940, es decir, la vieja oligarquía de pujos aristocráticos, cuyos nombres y entrelazamientos familiares figuran en los libros de Esteban Rosario: “Los dueños de la República Dominicana” (1992), “La oligarquía de Santiago” (1997), “La familia Bermúdez (fortuna y crisis”, s/f),  y “Las quiebras bancarias de Santiago y Santo Domingo” (2006).

Esa fracción burguesa sin conciencia clasista y política ha preferido dejarle el campo libre del gobierno a los tres grandes partidos y controlar algunas áreas donde no se le perjudique en sus inversiones agro-industriales, financieras, turísticas, inmobiliaria…). Así no tiene que bregar con el tigueraje ni asumir ninguna responsabilidad ante los fracasos de los políticos y se reserva el derecho de sacarles del gobierno o criticarles. La última vez que esa fracción intentó gobernar por sí y para sí fue con el régimen de facto del Triunvirato. Le fue muy mal y por poco pierde hasta la cabeza cuando estalló la guerra civil de 1.965. Entonces tuvo que intervenir el Imperio para salvar a estos espartanos.

En síntesis

Titulito

La pequeña burguesía ha cometido el error de gastar en lujos y vanidades o en reproducirse desde el poder, lo que es atribuible a su falta de conciencia política y de clase. Sus bienes  de la acumulación  originaria  se han consumido como el oro que España extrajo de América en el proceso de colonización.