RD ante la realidad del dilema
entre Taiwán y China popular

EDUARDO KLINGER PEVIDA
Indudablemente, explicábamos en el trabajo anterior, que la República de Taiwán ha mantenido una política solidaria con los países que han mantenido las relaciones con ella. Ello se ha expresado en una política de entrega de donaciones, asistencia técnica y otras manifestaciones.

Sin embargo, la tendencia que se ha continuado expresando es la ruptura de relaciones de muchos de esos países con Taiwán, optando por establecer relaciones con la China comunista, con un mercado enorme, altas tasas estables de crecimiento sostenido – que la van convirtiendo ya en la potencia mas dinámica del siglo XXI – pero, además, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y como tal con derecho a veto para neutralizar cualquier resolución que no se ajuste a sus intereses geoestratégicos.

Esa es una realidad que ningún país hoy día puede pasar por alto. Tampoco lo puede ignorar la República Dominicana.

El caso más reciente que ha tenido que sufrir Taiwán fue el de Costa Rica. Era uno de los países que mantenía relaciones con Taiwán. En el contexto de la competencia con la República Dominicana por un asiento en el Consejo de Seguridad los ticos anunciaron el rompimiento de relaciones con Taiwán y el establecimiento de las mismas con China Continental lo que, lógicamente, le valió el apoyo de ese país y de todos aquellos que están en su esfera de influencia. El resultado ya lo sabemos.

El gobierno paraguayo recién electo en las urnas hace unos días y que debe tomar posesión en agosto – y Paraguay es el único país de Sudamérica que mantiene vínculos con Taiwán, del total de 26 de todo el mundo – ha insinuado, con mucha fuerza, la posibilidad de que introduzca el mismo método: rompimiento con Taiwán y establecimiento con China Popular.

El aspecto práctico y pragmático de decidir romper con uno y acercarse a otros basado esencialmente en los intereses geopolíticos puede chocar, y de hecho choca con determinados principios y sentido de lealtad, pero el hecho objetivo no deja de tener un alto sentido de proyección estratégica.

Afortunadamente, el desarrollo de la sociedad democrática taiwanesa ha llevado a una situación que permite crear expectativas positivas hacia el futuro. En los próximos días habrá de asumir un nuevo gobierno cuya posición es propicia a buscar una solución pacífica y negociada al diferendo con China.

Ojalá, ambas partes sean capaces de encontrar un espacio de acercamiento que permita identificar fórmulas que fuesen adecuadas para sendas posiciones. Taiwán, por el lugar que ha logrado ocupar en el concierto económico – comercial internacional, merece tener una identidad propia bajo una modalidad en la que China continental no sienta que se haya quebrantado su sentido de integridad y unidad. Son visibles algunas fórmulas pero dejemos que a quienes les corresponde, a Taiwán y China, encuentren la receta propicia y pertinente.

A todos nos convendría.