RD – Haití: indisolublemente intervinculadas

Integramos una misma isla. Formamos un mismo conjunto de naciones víctimas de un orden internacional injusto que limita posibilidades de desarrollo y permitió – y hasta aupó – que tiranos y dictaduras nos desangraran. La RD pudo iniciar un cambio y encauzarse por un camino de construcción democrática, no sin abonarlo con sudor y sangre, que todavía, por casi 50 años, se esfuerza por consolidar y profundizar. Lamentablemente, Haití no ha podido caminar con igual suerte. Su muy joven democracia ha sido, además de intermitente, imperfecta. La más de las veces en su vida democrática ha habido espacios para la irresponsabilidad e irrespeto al pueblo por más que ha habido quienes con honestidad y sentido patriótico han pretendido revertir esa fatalidad y desgracia histórica.

La República Dominicana, mal que bien, ha sido capaz de ir alcanzando mejores niveles de vida en una sociedad imperfecta pero dinámica, aunque aún necesitada de transformaciones y sacudidas. Ha logrado más altos estándares de desarrollo. Aunque insuficientes y a veces deficientes el pueblo dominicano no solo ha logrado ir mejorando el acceso a servicios públicos básicos sino que, incluso, ha permitido el acceso a los mismos a haitianos que no residen en el país. Personalmente en una ocasión entré en un hospital por Neiba y no menos del 90% de los que recibían atención eran haitianos. Todos sabemos que niños haitianos cruzan a diario la frontera en viaje de ida y vuelta para asistir a escuelas dominicanas con frecuencia desvencijadas y deterioradas – ahora en proceso de reconstrucción. Miles se preparan profesionalmente en la universidad pública nacional. Todos convivimos con “watchimans” haitianos que atienden nuestros lugares de vivienda. Pueden encontrarse resquemores y acciones injustas pero lo cierto es que este pueblo ha sido solidario como ninguno, por lo cotidiano y masivo, con el pueblo haitiano. No es que desconozcamos la solidaridad de Cuba y Venezuela; una con cientos de médicos y paramédicos que por años han brindado asistencia y la otra con fuertes inversiones en infraestructura y suministro energético. Otros más poderosos y ricos han aportado recursos; se les tiene que agradecer a la vez que se les debe recordar que han dado mucho menos de lo que pueden.

Haití es el segundo socio comercial de la RD la que exporta más de mil millones anuales. Entre el 2005 y el 2013 las exportaciones pasaron de 165 a 1400 millones hacia el vecino país creciendo más de 9 veces (914%). Ese comercio es favorable para ambos. Empresarios de una y otra economía temen que pueda afectarse por el desencuentro que están provocando entre ambas naciones. Las autoridades haitianas no pueden ignorar que el comprar en RD incrementa su capacidad de compra porque los almacenes están en los propios productores por lo que, además de facilidades de transporte, no tiene que congelar capitales en almacenamiento. Tampoco debiera ignorar que muchos productos agrícolas que se adquieren en este mercado no están disponibles en otros. Más que un acto agresivo hacia RD sería contra su propio pueblo.

La RD tiene derecho a organizar su casa y todos deben recordar que, como dijo Juárez, a quien el Congreso de la RD reconoció como Benemérito de las Américas: “el respeto al derecho ajeno es la paz”.