RD y Haití, un matrimonio divorciado por ingresos

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A pesar de que el nivel de vida de la República Dominicana se ha deteriorado considerablemente, en especial luego del colapso del sistema financiero que sacudió al país a mediados del año pasado, son notables las diferencias que existen – sobre todo las económicas- entre la República Dominicana (RD) y Haití.

Es cierto que las profundas crisis políticas que han sacudido la nación más empobrecida de América desde finales de los ochenta tienen una gran cuota de responsabilidad de que el país hermano tenga una de las economías más débiles del mundo, mientras por el contrario, los logros en las reivindicaciones democráticas han influido en que RD mostrará índices de crecimiento, inclusive, superiores a los demás países de América Latina y el Caribe para fines del último decenio.

Las últimas informaciones recopiladas por esta sección advierten de una reducción significativa en el intercambio comercial de ambas naciones y los exportadores dominicanos ven con mucha preocupación la caída de sus exportaciones hacia ese mercado tan importantes para ellos.

De acuerdo con las informaciones contenidas en el Estudio Económico de América Latina y el Caribe, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los indicadores económicos entre ambos países reflejan diferencias abismales, como por ejemplo, en lo referente al flujo de inversión extranjera directa neta, sobre la cual, RD obtuvo un promedio de inversión quinquenal de US$491 millones en los últimos 11 quinquenios, mientras Haití registró un promedio de apenas US$7.90 millones en el período de tiempo estudiado.

En cuanto a la balanza de pagos, RD mantiene en promedio un balance en cuenta corriente de -US$408.75 en el lapso bajo estudio, mientras que el de Haití asciende a -US$54.68 en ese mismo período.

De igual forma, el nivel de inflación en la República Dominicana ha promediado cerca del 107.3% en las últimos 8 quinquenios, mientras el nivel de inflación en Haití ha alcanzado el 118.60% en el mismo lapso.

[b]Los años recientes[/b]

Mientras tanto, son escasas las señales de una posible solución al conflicto político que vive ese país y menos aún la esperanza de una recuperación económica en el corto plazo.

En cuanto a los aspectos económicos, desde comienzos del ejercicio fiscal del 2003 se observaron evidencias preocupantes de inestabilidad, con rumores persistentes acerca de una posible conversión de los depósitos en dólares a moneda nacional, lo que hizo que se acelerara el ritmo de devaluación de la moneda nacional y causó una fuga de divisas estimada en cerca de US$90 millones durante el primer trimestre del año pasado, lo que significó un golpe mortal para la frágil economía de esa nación.

También, los aumentos de los precios internos de los combustibles, iniciados en enero del 2003 (52%), sumaban ya más de 100% para fines de junio y ocasionaron un fuerte repunte inflacionario (41.7% anualizado al mes de junio del 2003), agravado por el alza del tipo de cambio nominal (41% en términos anualizados) y por el financiamiento monetario destinado al sector público, que al cierre de enero representaba ya el 75% del monto acumulado durante todo el ejercicio fiscal precedente.

[b]La política económica[/b]

Dada la inestabilidad del entorno político-institucional y el muy reducido margen de maniobras, las escasas medidas que adoptaron las autoridades durante el 2002 fueron insuficientes para impedir el deterioro macroeconómico general.

En el ámbito de la política económica, en particular, predominaron medidas conservadoras tendentes a aminorar los efectos previsibles y perversos, tanto del estancamiento prolongado que afecta la economía de ese país desde hace décadas, como de una coyuntura particularmente adversa, según expresa el estudio de la CEPAL con relación a Haití.

[b]La política comercial[/b]

En general, Haití mantiene un perfil rezagado en los organismos regionales de integración comercial, por lo que ha sido una excepción que, en junio del 2002, ratificara totalmente su adhesión al CARICOM, bloque en el que participa desde 1997 con membresía provisional, sujeta a ratificación por parte del parlamento haitiano.

Si bien es aún prematuro evaluar los posibles efectos de esta participación en la economía nacional, cabe señalar que, a diferencia de sus socios en el CARICOM, Haití abrió su economía al mercado mundial en forma prácticamente unilateral a partir de 1995, por lo que sus tarifas arancelarias figuran entre las más bajas de la región.

En efecto, el nivel arancelario máximo de ese país es de 15%, salvo contadas excepciones como, en particular, la gasolina (57.8%). En el transcurso de las negociaciones con el CARICOM, Haití se benefició de un conjunto de medidas de salvaguardia, en especial de su estatus como único “País Menos Adelantado (PMA)” de la región, y de treguas arancelarias renovables sobre cerca de 500 productos, dadas las tarifas externas comunes aplicadas bajo el régimen del CARICOM.