Recetas que empalagan

Disfruto como el que más las historietas que publican nuestros diarios matutinos. Son divertidísimas y aleccionadoras.

El talento de Harold encontró el menú adecuado a nuestra idiosincrasia, más allá de los mensajes insulsos y atípicos de Mandrake el Mago o Lorenzo y Pepita, que nos adormecían en tiempos ya idos.

Nuestros funcionarios han consumido interminables horas en seminarios, foros, congresos y consultas, tratando de buscar la receta que sacie los estómagos nacionales.

Resulta que los ingredientes que adoban una economía gigante, aderezada con pumpkin pie, turkey gravy o cranberry sauce, no pueden jamás dar la sustancia de un cocina’o en olla de aluminio, bajo un candente sol tropical, acompañado de enormes penurias y estrecheces.

El menú de nuestras carencias y debilidades debemos buscarlo en las entrañas de la población que las siente y padece.

No puede ofrecernos una apetitosa y accesible receta quien no conozca el verdadero sentimiento de una familia desprovista de los servicios básicos, un ciudadano desempleado o un niño sin escuela ni atención médica.

Los más alimenticios platos tenemos que prepararlos con ingredientes locales, fácilmente identificables y de cosecha propia.

Mientras apelemos a unas sopitas insípidas o adobos poco sustanciosos, sólo lograremos adormecer al comensal o condenarlo a dormir una siesta prolongada e improductiva.

Hay que abandonar las teorías y sentarnos a una mesa de manjar criollo, a comer proteínas y carbohidratos.

Las recetas muy sazonadas… empalagan.