Reclamos para modificar la Ley de Envejecientes

Reclamos para modificar la Ley de Envejecientes

Eulogio Santaella

Nuestro inocente artículo sobre envejecientes, escrito sin pretensiones, resultó ser una clarinada que despertó a huestes de edad provecta, reclamando modificar la Ley 352-98 que ya anunció el director ejecutivo del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente.

Hubo reacciones diversas. Por suerte, para no echar leña al fuego, dejé de escribir después de cumplir 65 años visité el Museo de Arte Moderno de Nueva York y al entrar me identifiqué como “senior citizen”. Mostré una identificación, no un carné especial y automáticamente me descontó 20 por ciento de la tarifa.

El mensaje implícito es que los derechos deben ser para todos los envejecientes no solo para una fracción y, además, deben ser disfrutados sin exigirles algún carné especial.

Los reclamos fueron múltiples. Alguien expresó que ya no soporta estar de pie por media hora en una fila interminable haciendo un trámite en una oficina pública.

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Un planteamiento politizado y apasionado aconseja crear un grupo para preparar un anteproyecto para enmendar la Ley 352-98 y luego entregarlo al presidente de los Diputados, con la expectativa de que impulsaría con entusiasmo esa honrosa iniciativa, para supuestamente mejorar su imagen y matizar los ataques recibidos al endilgarle que promueve la aprobación de la llamada “Ley Mordaza”.

Un envejeciente de 87 años nos remitió una carta que expresa: “me agradaría mantener una conversación personal con usted. Tengo unos aportes a favor de los envejecientes que me gustaría compartir con usted, y conocer su autorizada opinión”.

Lo esencial reza así: “Hace años solicité a la Cámara de Diputados del Congreso Nacional que me aportaran, de acuerdo con la Ley 200-04 la argumentación para despojar al envejeciente de la exoneración de su vivienda. Después de dieciocho días de espera, me entregaron un CD, que mantengo en mi poder, en el cual no se menciona nada de lo solicitado”.

El remitente es Alfredo Manuel Yabra Yeje (Freddy). Lo llamé de inmediato diciéndole que los guarismos de su edad coincidían con los de la mía, pues él tiene 87 años y yo 78. Siendo su apellido Yabra, como el de la esposa de Lorenzo Berry, “Wimpy”, le pregunté si estaba vinculado con ella. Me contestó: “Yo era el administrador del Súper Mercado Wimpy’s”.

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Las neuronas y el corazón me indujeron a solidarizarme con alguien relacionado con el 30 de mayo. Es un hecho histórico que “Wimpy” entregó a los héroes algunas de las armas ajusticiadoras, facilitadas por el cónsul estadounidense. Me relató Freddy Yabra que al ser cuñado de “Wimpy” el SIM quiso implicarlo en la gesta heroica y desaparecerlo. La protección del consulado de EUA lo salvó.

Es necesario politizar este escrito para lamentar que “Wimpy” sea un desconocido para las nuevas generaciones a pesar de su protagonismo en acciones durante la resistencia a la tiranía, que fue decapitada heroicamente.

A principios de año, Angela Peña publicó en HOY un valioso relato cuyo título lo dice todo: “Supermercado Wimpy’s, centro de conspiración contra Trujillo”.

No pude concertar una reunión presencial con Freddy antes de este artículo, pero lo haré pronto, como una humilde forma de ir honrando la deuda de gratitud de los dominicanos con su cuñado “Wimpy”, injustamente olvidado, igual que muchos otros.

Ante la reforma de la Ley 352-98 podría aparecer un manifiesto que glose el otro ya superado: “Envejecientes del mundo uníos, solo podéis perder sus largas esperas haciendo cola”.

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