Reconocer con justicia, es difícil

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Honrar es tan difícil como complacer a todo el mundo. El pensador uruguayo José Enrique Rodó decía: la herejía de hoy, es el credo de mañana.
Desde siempre estoy de acuerdo con Federico Henríquez y Carvajal cuando dijo: “Oh América infeliz, que reconoces a tus grandes vivos cuando son tus grandes muertos”
José Martí:”El sol quema con la misma luz conque alumbra. El sol tiene manchas. Los agradecidos ven la luz. Los desagradecidos ven las manchas”.
Recuerdo que durante la tiranía de Trujillo sólo faltó que se inaugurara un inodoro o una letrina con su nombre. Todo edificio público, toda oficina del gobierno, de mucha o poca importancia, era objeto del bautizo con el nombre del tirano o el de uno de sus familiares más cercanos.
Balaguer tildó a Trujillo como “artista de la política” a quien le gustaban los entorchados y las condecoraciones, como un modo de influir, de brillar sobre los demás, como una forma de distinguirse. Sólo le faltó la condecoración de la tapita de la Coca o la Pepsi Cola, como en la película del inmenso Cantinflas.
Si quieres medir la grandeza de un pueblo también lo puedes hacer cuando lees los nombres de las calles, cuando vez las estatuas, cuando conoces cuáles son los héroes destacados a cuya memoria se les rinde culto en las escuelas.
El pasado es una gran lección que podemos aprovechar o desperdiciar. Es el pueblo quien tiene que poner en su lugar a la autoridad que abusa de su condición, para repartir honores inmerecidos que distorsionan la percepción y conocimiento de la historia.
El paso del tiempo permite que se obtenga la perspectiva correcta sobre la vida y obra de un hombre, de una mujer, para que se considere con justicia usar su nombre para perpetuar su memoria.
Ello implica no solo un conocimiento cabal de su vida pública, sino también un análisis de resultados y un estudio de su influencia y si vale la pena recordar para siempre, a una persona cuya vida deja que desear cuando se pesa su conducta y se establezca el resumen que permita determinar en el fiel de la balanza, si vale la pena, si en cada caso, el honor es merecido.
Siempre debemos tener en cuenta cómo una persona marca una época tan profundamente, que se convierte en un personaje. Pobre de la sociedad a la cual se engaña con la exaltación de falsos héroes, por ídolos de pies de barro, cuyos supuestos merecimientos requieren del paso del tiempo antes de ser honrados.
¿Usted sabe lo que significa privilegiar a un tal Juancito Sport sobre José Francisco Peña Gómez?
Ya, sustituyan el nombre de Santo Domingo por el de Juan Bosch, como hicieron los adulones con Trujillo.