Recordando a las mariposas con Rosa Francia Esquea

A Rosa Francia Esquea la conocí en las lides de su carrera periodística a través de sus atinadas crónicas.

Pero también ocupándose de la proyección y de la producción de los demás.

Siempre calmada y sensata; en años recientes nos deleita con su literatura infantil y juvenil.

Con una energía vital y su bondad nos ha regalado: “Las mariposas”, a las que ella le ha dedicado su tiempo y las que también borda  con sus finas manos y su aguja. Y  si no me creen, pregúntenle sobre los bordados finos que hace con sus manos.

Con atinadas palabras florecidas por su pluma Margarita Luciano, escritora, pedagoga y hermana espiritual, ha prologado su obra, que según explica, refleja  “la sensibilidad estética e imaginación y red cervantina que ella pone en su prosa”. Es una narración fresca, narrada en una prosa poética, utilizando ritmo, metáforas y sobre todo una frescura que nos atrapa. Y así quisiera también atrapar a esas hermosas mariposas que como dice ella: “son veloces y tan pronto se sienten tocadas vuelan ligeras”.

Es un cuento educativo para niños y jóvenes, que alude a las mariposas, ese ser tan multicolor que la creación nos ofrece, y que en su proceso de metamorfosis “forma un capullo protector que alberga la crisálida que poco a poco se transforma en mariposa”. Esta comparación es tan bien utilizada y  sutilmente manejada por su autora, que cuando empieza aludiendo a esas tres bellas mariposas, sabemos que, como es natural,  son las de Ojo de Agua, sí, lasese ser tan multicolor que la creación nos ofrece mariposas inolvidables de nuestra patria. Nuestras siempre recordadas y a quienes muchos les hemos escrito versos inspirados en su heroísmo sin límites,  porque forman parte de una historia que nos invita a la reflexión, que nos hace recordar  la muerte violenta y al crudo y vil tirano que nos oprimió por largos treinta y un años.

Aquellas mariposas que vieron crecer sus antenas, esas antenas patrióticas que contribuyeron con su limpia sangre a dar al traste con una de las dictaduras más férreas que han existido en América Latina y El Caribe: el escorpión de la narración que tan sabiamente ella llama: “escorpión  gigante”. Aquel escorpión que da  tanto de qué hablar y que en pleno siglo XXI, aún se dice que vivió después largos años… ¡cuanta fábula inicua! Estos acontecimientos han aportado a la historia, elementos permanentes para movilizar el pensamiento y hurgar en el interior de un ser “maligno”.

Es una manera adecuada, acertada, de hacernos ver y notar que los niños seguirán siendo susceptibles del panorama creado por la dictadura y por lo que vivió nuestra patria a partir de la década de los 30 en el siglo pasado.

Sabemos que la autora  partió de una investigación  y que con su imaginación y sensibilidad nos ha proporcionado un panorama que recrea  símiles con la situación natural y el hábitat de la mariposa y su influencia entre los animales pequeños. Hilvana y teje ella, así como hilvana y teje sus mariposas, una trama muy bien urdida, bien manejada, en un lenguaje sencillo, claro, combinando las expresiones lúdicas en  una forma coherente y hermosa.

Nos retrotrae y nos recuerda la veneración de esas Mariposas como un símbolo de la lucha por la libertad. Y nos recuerda también a aquel profesor taciturno, amante de la naturaleza y de las mariposas, que sirve de inspiración: seguro de sus pasos, botánico… que nos deleitó con sus investigaciones sobre plantas y animales: Eugenio de Jesús Marcano, a quien tuve la valiosa oportunidad de conocer. Es una manera también de invitarnos a recordarlo, a que lo amen, lo conozcan, lo recuerden, tal como recordamos a nuestras permanentes Mariposas de la Patria.

Él, al igual que ellas, fue un héroe, porque supo recoger el legado hermoso de lo que nos daba la autoctonía de nuestra tierra dominicana: animales y plantas.

Yo me alegro y me gozo con la  producción del cuento Las Mariposas, de Rosa Francia, ya premiado y laureado y la invito a seguir produciendo literatura para niños y jóvenes, para que pueda, como Pablo Neruda, decir con los niños también: “confieso que he vivido”.