Recordando a Mercedes Sosa

Recordando a Mercedes Sosa

Luis Scheker Ortiz

La exquisita cancionera Mercedes Sosa, considerada la mayor exponente del folclore argentino, siendo reconocida como la Voz de América Latina, nacida el 9 de julio 1935, en San José de Tucumán, Argentina y fallecida el 4 de octubre del 2007 en el Sanatorio de La Trinidad, Palermo, quien nos visitara por vez primera en ocasión el regio y memorable festival musical “Siete días con el pueblo” que culminó con una extraordinaria asistencia masiva y entusiasta, a casa llena.

En su primera presentación, mi esposa Raulina fue a verla sin mi compañía en llegando a la casa desbordada de emociones resaltando la portentosa y melódica voz de Mercedes Sosa conminándome con breves palabras: “No puedes dejar de verla.” A partir de entonces le seguí sus pasos y no nos perdimos ninguna otra de sus demás presentaciones.

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La próxima sería en la Casa del Teatro, ubicada en la calle Arzobispo Meriño bajo la atinada dirección del buen amigo Freddy Ginebra. Sin pensarlo dos veces nos fuimos, compramos las boletas y quedarnos definitivamente fascinado de esa fina y extraordinaria intérprete de un vasto cancionero de amor por su pueblo, de marcado nacionalismo con su guitarra de fina estampa y su sencillez y su delicado trato, no perdiéndonos desde entonces ninguna de sus otras actuaciones, hasta su despedida siendo una de ellas cuando nos atrevimos acercarnos verle, saludarle y ser recibidos para nuestro beneplácito con simpatía al pedirle un autógrafo dedicada a nuestra primera hija. Como se llama, preguntó extrañada Elka, le repetimos. Escribiendo entonces con su firma: “A Elka, para el recuerdo.”

Desde ese momento inolvidable nació este poema que encabeza mi poemario “Servilletas de Otoño” dedicado a ella, a mi amiga Mercedes Sosa, donde en cortas estrofas dejo caer mi sentir y devoción por esta exquisita cancionera argentina y de América Latina. .

No sé qué fuerza vital tiene la lluvia

Que evoca en mí tu voz de cordillera,

Tu voz de libertades sin frontera.

Voz que es guitarra y es abrigo.

Uncida al dolor del afligido

De hombres y mujeres oprimidos.

Voz de cantor de pueblos tristes,

De labriegos, de obreros, de estudiantes,

Combatientes de paz y guerra.

Tu voz de mar azul y caracolas.

De arena, de sal, de viento enardecido

Que no alcanza a quebrantar las olas.

Voz que se levanta cristalina

Con luces de unicornio y de quimeras

Cual dulce despertar de estrellas.

Voz de sol, de tules, de azucena.

De matices, de verde primavera.

Voz de cristal que no se quiebra.

De ruiseñor, de carretero errante,

De pueblo de gesto antiguo, solidario

Tendida la mano al caminante.

Tu voz, Mercedes, que reverdece

En cada gota perfumada de rocío.

Y en cada amanecer, florece.

Voz que crece igual que los trigales

De pueblos oprimidos y olvidados

Que a pesar de tanto olvido ¡crecen!

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