Recuerdan ajusticiamiento de Trujillo

POR FERNANDO QUIROZ
La noche del 30 de mayo de 1961, hace hoy 44 años, es recordada en el país como la fecha en que fue ajusticiado el dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, con lo que se puso fin a 30 años de silencio, miedo e incontables muertes y torturas  a los opositores de ese régimen.

Trujillo fue un militar que dirigió una de las dictaduras más horrorosas de América Latina, y dominó el país con mano férrea desde el 16 de agosto de 1930 hasta el 30 de mayo de 1961, cuando un grupo de sus colaboradores puso en marcha un complot que terminó con su vida, mientras se dirigía a su natal San Cristóbal.

En el ajusticiamiento de Trujillo participaron Antonio de la Maza, Juan Tomás Díaz, José Manuel (Tunti) Cáceres, Roberto Pastoriza, Luis Amiama Tio, Amado García Guerrero y el general Antonio Imbert Barrera, único héroe viviente de esa gesta. Tras el hecho, los remanentes de la dictadura desataron una tenaz persecución y asesinatos contra de los ajusticiadores.

Pero desde años antes de materializarse el plan, decenas de dominicanos, apoyados por extranjeros, se enrolaron en invasiones por playas y montañas con la finalidad de derrocar al dictador que mantenía arrodillado al país bajo la ley del silencio o muerte. 

Entre esas invasiones figuran las de Constanza, Maimón y Estero Hondo del 14 de junio del año 1959, y la de Luperón, en 1949.

Uno de los episodios que significó el principio del fin de la Era de Trujillo, fue el asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, así como su chofer Rufino de la Cruz, el 25 de noviembre de 1960.

La Fundación Héroes del 30 de Mayo fue creada para exaltar la gesta heroica que culminó con la tiranía de Trujillo. Anualmente, la entidad celebra un acto en el Monumento de los Héroes, ubicado en la Autopista 30 de Mayo.

En el 2001 la Fundación decidió establecer un reconocimiento anual para aquella persona o institución que se destaque en proteger la libertad y la democracia en República Dominicana.

Entre las instituciones que han sido merecedora del Premio a la Libertad figuran la Suprema Corte de Justicia (SCJ).

GÓMEZ OCHOA

Aunque inicialmente hayan sido amigos y subalternos de Trujillo Molina los hombres que le emboscaron y le dieron muerte al dictador, el cubano Delio Gómez Ochoa cree hay que estar muy agradecido de esos hombres  por librar a la República Dominicana de ese régimen.

Si la sociedad dominicana no ha mejorado, esa situación no ha sido por la falta del esfuerzo que hicieron los casi 200 hombres que vinieron al país en la invasión de junio del 1959 y murieron en la lucha contra las fuerzas de Trujillo; ha sido porque los que llegaron después al poder  no han hecho lo que debieron por mejorarla un poco, entiende.

“Ese es un problema de los dominicanos, si se sienten bien, todo está bien; si no se sienten bien, entonces, todo está mal, ese es un problema de los dominicanos”, expresó Gómez Ochoa, uno de los extranjeros que acompañó a un grupo de dominicanos en la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en un intento por derrocar a Trujillo.

FRENTE A TRUJILLO

Recuerda que esta anécdota la hizo en el encuentro-almuerzo del grupo Corripio de Medios de Comunicaciones.

Hechos prisioneros, a mediados de julio de 1959, le llevaron junto a Pablito Mirabal  (menor de edad que se enroló en la invasión) frente al dictador Trujillo al Estado Mayor de la Fuerza Aérea, en San Isidro. El tirano estaba acompañado de su hijo Ramfis, y le preguntó a Gómez Ochoa  -¿Y usted qué vino a hacer aquí?

-Mire, yo vine a pelear para liberar a República Dominicana de esta tiranía-, le contestó el revolucionario cubano.

-Usted, para lo que está bueno es para castrarlo y mandárselo a Fidel Castro-, le ripostó en ira el Jefe.

Cuando se dirigió a Pablito, Trujillo le formuló la misma pregunta, en términos despectivos, pero recibió respuesta en igual término que la de Gómez Ochoa.

“A usted se lo vamos a dar a Ramfis para que lo ponga a criar gallinas”, le dijo Trujillo a Pablito.

-¿Y usted sabe quién soy yo-, preguntó el dictador.

-Sí, usted es Chapita-, contestó Pablito, lo que movió a risas al dictador, siguiendo las carcajadas de Ramfis.

En la Base Aérea de San Isidro Gómez Ochoa duró unos tres días presos, luego dos años en la cárcel La 40. Logró su libertad por orden de Ramfis, aunque a regañadientes del presidente Joaquín Balaguer.

¿CÓMO SE ENTERO?

Ramfis llegó  una noche a La 40 y requirió la presencia de Gómez Ochoa. Lo llevaron en calsoncillos y camisetas, con varios días sin comer ni beber agua.

-¿!Usted no sabe lo que ha pasado!?-, le habló enérgicamente Ramfis.

-Mire, no se lo que ha pasado-, le respondió Gómez Ochoa.

-¿Usted no sabe que han matado a mi padre?, le precisó.

-No, no lo sabía, ¡cuanto lo siento!-, relató Gómez Ochoa a Hoy que le contestó al hijo del dictador, y al recordarlo, estalló en risas.

A VARGAS LLOSA

El libro La Fiesta del Chivo, del escritor peruano nacionalizado español, Mario Vargas Llosa, tiene su sentido, entiende Gómez Ochoa, aunque opina que escribió muchas cosas que ofende la moral y la imagen de la mujer dominicana. Esta historia novelada cuenta los finales de la Era de Trujillo.

“Este es un libro donde narra algunas cosas que son aceptables y otras que son inaceptables”, precisó.

“FIDEL ES EL CAMINO”

Cree que Fidel Castro es el político más brillante y justo de este y el pasado siglo americano.

“Pienso que ese es el camino y que tarde o temprano los pueblos latinoamericanos recuperarán la posibilidad de ser verdaderamente libres como querían Bolívar (Simón) y Martí (José)”, estimó.

Aunque le consideró como un flagelo “muy mal”, Gómez Ochoa consideró que la corrupción es un problema de cada gobierno y de cada pueblo.