Recuerdos de infancia y de política

SERGIO SARITA VALDEZ
Es a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo cuando nuestra memoria empieza a registrar con claridad y permanencia los detalles del acontecer social y cultural de la vida en el campo dominicano. Recuerdo que una de mis tías maternas era modista y residía en Nueva York.

Cada primavera llegaba de vacaciones con un enorme cargamento de ropas para repartir a sus familiares, incluidos todos los sobrinos entre los cuales estaba quien escribe. Nuestra adorada pariente mandaba a buscarnos y tan pronto hacíamos acto de presencia nos echaba una mirada de arriba abajo y murmuraba: “para ti he traído en especial un precioso trajecito que te ha de encantar. Solamente tendremos que hacerle algunos arreglitos y en lo que dicen berenjena estará listo para salir de fiesta”.

De inmediato la tía Idalia, que así se llamaba la inolvidable pariente, se sentaba junto a la máquina Koyo para realizar los ajustes de lugar. Una vez concluida dicha tarea, pasaba a probarnos el traje, acto que llevaba a cabo haciéndonos mirar frente al espejo. Quedábamos maravillados con la imagen reflejada en el cristal azogado. Una mezcla de ansiedad y de alegría inundaba mi cerebro juvenil ante la posesión del recién adquirido vestuario. Pero como reza el viejo refrán: poco dura la felicidad en la casa del pobre; no bien había transcurrido un par de horas para que aquel vistoso traje se fuera convirtiendo en un camisón de tortura.

La tela con la que había sido elaborada aquella vestimenta torturadora era la apropiada para resistir el duro invierno del nordeste norteamericano. El aparentemente bien trajeado niño se deshidrataba rápido y copiosamente al no poder eliminar el calor retenido a flor de piel por la pesada y casi impermeable ropa. Así pues, ese bello y hermoso traje nos veía crecer sin que nos animáramos a usarlo debido a lo inadecuado e incómodo para las condiciones climáticas y la realidad social de la caribeña zona tropical.

Medio siglo después, entrado en un nuevo milenio, sentimos alrededor del cuerpo social dominicano la incomodidad de los modelos foráneos globalizadores, que nos obligan a vestir los trajes de países grandes y desarrollados sobre los débiles cuerpos de naciones pequeñas y empobrecidas. Nos deshidratamos intentando resistir la gruesa y fuerte camisa del Fondo Monetario Internacional colocada para que podamos lucir bellos ante la realidad de una deuda externa más caliente y agobiante que un sol de agosto en Santo Domingo.

Nos quieren convertir en grandes pobres consumidores de enlatados foráneos, al tiempo que el campesinado huye de la miseria agrícola hacia el espejismo capitalino hoy convertido en una coctelera de violencia, inseguridad, drogas, perversiones y prácticas enajenantes bochornosas. Se abandona la tierra y el cul

tivo, la cosecha y el ganado para que manos del vecino país de Haiti laboren y produzcan. El resultado de esa fatal movida es fácil de adivinar.

Hoy más que nunca se hace necesario retomar el pensamiento duartiano y boschista para que aprovechando las ventajas de los adelantos tecnológicos del milenio, podamos avanzar en pos de lograr las metas propuestas por los fundadores del Estado dominicano.

Cerramos el presente trabajo con el párrafo final escrito por Juan Bosch en su informe al cuarto congreso nacional del Partido de la Liberación Dominicana: “El P.L.D

no ha recibido en toda su historia ninguna ayuda procedente de otro país. Es más, si un dominicano nos ofrece o nos brinda dinero, sea en cantidad importante o pequeña, tenderemos la mano para recibirla si se trata de alguien reconocido por nuestro pueblo como persona honesta, de alma limpia y además de sentimientos patrióticos. De no ser así no queremos su dinero. Que no se equivoque nadie. Nuestro guía no es Trujillo; es Juan Pablo Duarte, cuyo nacimiento estamos conmemorando aquí, con este acto en el que le rendimos tributo los peledeístas cada cuatro años en los Congresos del Partido, y diariamente con el trabajo tesonero a favor de un futuro luminoso para el pueblo dominicano”.