Recuperación no está a la vuelta de la esquina

HÉCTOR MINAYA
El ciclo económico en el cual los indicadores empiezan a mostrar que se ha superado el fondo de la crisis, o el valle más profundo de una recesión o depresión es lo que técnicamente se llama recuperación. Pero antes de llegar a esa fase hay que pasar por el período de la reactivación, que es tomar las decisiones necesarias para promover la recuperación de una economía que se encuentra en situación de estancamiento y atonía.

Entre las medidas reactivadoras recomendadas por la literatura económica, figura la disminución de tipo de interés para alentar las inversiones, la reducción de los impuestos con el  mismo fin y también para hacer subir la demanda global.

A seguida cabe preguntar: ¿el Gabinete Económico del gobierno del presidente Leonel Fernández adoptará estas medidas señaladas arriba?

A juzgar por los compromisos que el país suscribió con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y específicamente en cuanto a realizar otra reforma fiscal, que el organismo financiero la considero como una obligación y no una opción, la respuesta es que no será posible.

Una reforma fiscal, además, de compensar algunos impuestos aduanales que serán desmontados cuando entre en vigencia el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica, significará una carga mayor de tributos para la mayoría de la población.

Entonces, frente a un panorama tan pesimista, cabe la pregunta: ¿existe la posibilidad de salir de esta crisis?

Claro que sí, aunque ha habido muchos sufrimientos durante los peores momentos de estas calamidades, la mayoría de los dominicanos retiene su fe en una forma democrática de gobierno. Siguen creyendo que con buena voluntad y trabajo arduo el pueblo saldrá de sus años de dificultades con sus ideales y sus sistemas políticos y sociales intactos.

Estos son factores importantes que el Gobierno del presidente Fernández tiene a su favor para actuar y bajo la actual política macroeconómica, si no decide cambiarla, tomar las decisiones que pudieran ser las más adecuadas para ir animando la economía en un largo plazo.

Y entre estas, está la de promover la inversión extranjera para atraer capitales y mejorar y adecuar el marco interno con igual propósito, si entendemos que la inversión es la magnitud clave del crecimiento, al construir la forma de aportar el factor capital para la creación, ampliación o mantenimiento (amortización) de las actividades productivas, o para la obtención de plusvalías con las adquisiciones realizadas.

No obstante, hay que estar consciente, que el crecimiento de la economía es solo el aumento de una variable, especialmente del Producto Interno Bruto (PIB), cuyo ritmo puede dar una idea de determinada expansión económica, pero no de su calidad y sus consecuencias para el bienestar, que sí es objeto de atención por quienes se preocupan del verdadero desarrollo con calidad de vida.

Por eso, en determinados períodos económicos se registran un alto crecimiento y sin embargo, esto no se refleja en bienestar material de la población.

De ahí es que los objetivos principales de las políticas macroeconómicas del gobierno tienen que tener el propósito de impulsar la estabilidad, crecimiento y bienestar económicos.

Estos afrontarán básicamente seis retos que son la lucha contra la inflación, fomento de la inversión de capital, gestión de los tipos de cambio de divisas, política fiscal, lucha contra el desempleo y contra los impactos externos.

No hacer esto y por el contrario creer que el solo hecho de equilibrar el presupuesto nacional, bajar el tipo de cambio y restaurar la confianza de la iniciativa privada es la formula salvadora para hacer frente al derrumbe económico, es forjar una percepción falsa de que la recuperación está a la vuelta de la esquina.