Recursos humanos

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Quienes planifican el desarrollo económico y social del país deberían tomarse la molestia de hacer un inventario sobre nuestra disponibilidad de recursos humanos calificados para afrontar las innovaciones tecnológicas que impone el progreso.

Las autoridades tienen en su poder estudios que revelan la discordancia entre las necesidades de personal calificado que tiene el país y lo que ofrecen las academias en sentido general.

Traemos a colación este asunto motivados por la preocupación expuesta por el economista José Luis de Ramón, en el sentido de que nuestro principal problema de competitividad está en la falta de recursos humanos calificados para atender la demanda de la industria, el comercio y empresas de servicios especializados.

En contraste con esta insuficiencia a lo interno, es notable el número de profesionales y técnicos dominicanos que han logrado colocación en el exterior, particularmente en Estados Unidos y Europa.

No hay duda de que este éxodo de capacidades está motivado por dos causas principales: la falta de correspondencia entre las demandas del país y la oferta de las academias provoca saturación de algunas calificaciones en el mercado laboral, forzando su migración por falta de plazas de trabajo. La otra causa es la remuneración poco atractiva que se suele ofrecer en el país a los técnicos bien calificados.

Conviene que le pongamos atención a esta situación porque la planificación del desarrollo, en todas sus vertientes, está atada a la disponibilidad de mano de obra calificada para cubrir las demandas de esa planificación, y la falta de este inventario de capacidades, o frustra los planes o fuerza costosas importaciones de personal.

Por razones obvias, pero fundamentalmente por la apertura de mercados y las posibilidades que ésta abre, la República Dominicana tiene que mejorar su inventario de capacidad humana para encarar en condiciones más adecuadas las demandas del progreso.

Indolencia
A fuerza de distorsionar la verdadera esencia del sistema de cogobierno y las garantías que le son consustanciales, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) hay grupos a los que no les tiembla el pulso para exhibir su indolencia bajo pretexto de reclamar reivindicaciones.

Ese es el caso de lo que está ocurriendo en estos momentos en esa academia, en la que profesores y empleados, nuevamente, han tomado como ariete el recurso de la paralización de labores en medio de un diferendo con las autoridades.

La indolencia radica en que hay recursos para zanjar ese diferendo sin necesidad de recurrir a armas que perjudican, nuevamente, los intereses de decenas de miles de estudiantes a los que se fuerza a perder docencia y tiempo.

Existen tantos instrumentos que permiten arbitrar satisfactoriamente confrontaciones como la que hay en la UASD, que el recurso de la huelga resulta en extremo repugnante y excesivo, tanto por los perjuicios contra terceros que no son actores del conflicto como por el hecho de que los fines no justifican los medios.

Lo menos que se puede exigir, a nombre del derecho al respeto que tienen decenas de miles de estudiantes, es que estos actos de indolencia sean desterrados como métodos que suplantan recursos civilizados al alcance de todas las partes en conflicto.