Reelección sin reelección

La condición desigual de la lucha electoral de primarias con el protagonismo de un aspirante que a la sombra, y hasta desde el mismo poder, supera en disponibilidad y gasto de recursos a competidores, expone una realidad negadora de la democracia, que no puede ser tal si solo vale porque permite el ejercicio de votar. He ahí un candidato oficialista que se promueve como prolongación en el tiempo del presente ejercicio de Gobierno. El aprovechamiento ilegítimo de las ventajas que devienen de actuar desde el Estado, que inútilmente se ha querido desterrar en este país, ocurre esta vez al mismo estilo de cuando se ha buscado la reelección sin cambiar de jinete ni de caballo.

Además de la avalancha publicitaria abrumadora del proyecto de la tendencia peledeísta que domina casi por completo e l Estado, la promoción directa del aspirante ha coincidido con una arrolladora campaña “institucional” mayormente electrónica para encumbrar las obras de los dos últimos cuatrienios que deja en notable pequeñez a los rivales. Un gigantismo pagado mayormente por los contribuyentes que logra supremacía para calar en los votantes con una oferta electoral apadrinada y dirigida por nutridos entes gubernamentales y asociados que en sus efectos fue lanzada para apoyar en paralelo la exaltación del competidor presidencial del sello oficial. Algo tiende a pesar demasiado en esta justa: $$$$$$.

Vulnerabilidad injustificable

Ninguna de las causas invocadas para la aguda caída del suministro eléctrico que ha estado pateando a los dominicanos últimamente deja bien parados a quienes dirigen un sistema que no debe estar expuesto a improvisaciones ni falta de planificación al dar mantenimiento a las plantas y sin capacidad de activar con rapidez las unidades situadas en “stand by” por razones de costo. Que emerjan oleadas de apagones existiendo capacidad instalada ociosa es un avatar imperdonable con graves daños a la economía. La historia de precariedades e ineficiencias operativas en esta materia debió motivar desde hace años a que este país reserve permanentemente suficiente combustible de sus usos ordinarios para que ningún episodio del azar, en forma de retraso o súbita devolución de embarques, paralice desastrosamente muchas actividades.