Reflexión en Día de las Madres

Además de las muestras de amor que muchas de ellas reciban en esta fecha por parte de hijos y allegados, dígase en su favor que las mujeres que han traído seres a este mundo discurren en un medio que les pone obstáculos y las coloca en desventaja respecto del hombre. Que les hace sufrir de manera particular las insuficiencias de un sistema de seguridad social que sigue lejos de su plenitud. Las madres son más afectadas por el desempleo que sus congéneres masculinos, como expresan confiables estadísticas; y en su condición de asalariadas, no pocas veces se acogen a la realidad de continuar absorbidas, con poca ayuda, por las labores domésticas y el cuidado más directo de los hijos. Está reconocido que salarialmente suele pagárseles menos que a los hombres aun teniendo las mismas funciones.

Entre las aspiraciones que seguramente abrigan esas madres que hoy reciben homenajes debe estar la consolidación de un clima de mayor seguridad para las familias para no seguir viéndose retratadas en otras mujeres como ellas que con frecuencia reciben el impacto directo de la criminaldad o ven caer a seres queridos a manos de machistas enceguecidos. Gran número de madres pertenece a un sector de la colectividad muy golpeado por las desproporciones. El pregonado crecimiento económico no ha servido en absoluto para reducir la brecha entre pobres y ricos. Este país no es lo suficientemente justo para garantizar bienestar a muchas madres.

ESAS CARGAS DEL PASADO  RECIENTE

El Presupuesto Nacional no alcanza para atender todos los reclamos que formula la sociedad en este momento, dijo el presidente Danilo Medina en Higüey el pasado viernes ante demandas de obras para la colectividad. Sus palabras obligan a recordar que los constreñimientos de hoy no son casuales sino el fruto amargo del desbordamiento de gastos del período anterior que le dejó por herencia un “maletín” repleto de facturas por pagar, lo que ahora obliga a peripecias para cumplir sueños y promesas. Esto incluye, inevitablemente, valerse de las muletas de un endeudamiento, interno y externo creciente y comprometedor para el futuro, a mediano y largo plazos. Es evidente que el país retrocedería sin el uso casi al tope de su capacidad de pago, lo que debe ser legitimado por el Estado mostrando compromiso de solo invertir con firme intención de favorecer el desarrollo y de ser ejemplo de austeridad y pulcritud en el manejo de recursos.