Reflexiones a la Zurda. La Democracia Arrastrada

Carlos de Peña

La democracia dominicana es un proyecto histórico mutilado desde 1963, y como sistema de gestión y distribución de poder y autoridad sobre lo público, ha dado muestras durante todo 2019 de ambigüedad, arbitrariedad e hiperconcentracion en las posibilidades del Hombre-Estado de darle o no continuidad a su proyecto hegemónico.
Mientras algunos ilusos se sumergen en el espejismo creado a partir de la alocución del Hombre-Estado para medios audiovisuales, donde haciendo el papel de sastre, desestimaba su proyecto de reforma constitucional a la medida al dar paso a “sangre nueva”. El Hombre-Estado da un giro de preservación pasando de sastre a mago y se saca del sombrero un subordinado que le asegure la preservación de la hegemonía sobre el aparato de poder y sus infinitos recursos. Es la lógica del gatopardo, que todo cambie, para que todo siga igual.
Toda la institucionalidad, expresada en sus normas y formas, queda condicionada y limitada a los intereses particulares del Hombre-Estado y su periferia subordinada. El “Pueblo-Demos” como sujeto político está ausente, amnésico, fragmentado y castrado en la voluntad de construcción de una mayoría de vocación de transformación profunda del Estado, las mayorías hoy se articulan y se agrupan alrededor de proyectos para vivir de lo público y no para transformarlo, aunque algunos crean en multitudes a las que se les convocan sin que ellas entiendan el para qué y el para quién de su movilización.
La legalidad electoral es una trampa que cercena y limita la construcción de alternativas políticas con vocación de calidad y no de cantidad y las condiciona a quedar atrapadas en una lógica de cara o cruz, subordinación o muerte. Mientras el Hombre-Estado prepara el último acto de su obra maestra, vencer y convencer a través de los mecanismos de la democracia simulada, la que cuenta votos degradados, compra conciencias y secuestra evidencias de complicidades y sociedades de rentabilidad privada sobre los recursos públicos.
Un rumor que corre desde hace unos días dice que el Tribunal Constitucional de la república elimino el voto de “arrastre” congresual entre candidatos y candidatas al Senado y a la Cámara de Diputados. A primera vista esto parece ser una buena noticia (en el largo plazo puede serlo), pero para la tormenta que se aproxima en 2020, se necesitara mucho más que tribunales, el Hombre-Estado está preparando su asalto final, la democracia será arrastrada hasta el laberinto donde quede a salvo la hegemonía. La única duda que queda es si nosotros, los que decimos ser los otros, estaremos listos para impedirlo.
Continuará…