Reflexiones ante Duarte en Maniatan

El primer lugar visitado por José Martí en Caracas fue la plaza Bolívar, en  el centro de la ciudad colonial. Aquella ciudad conservaba su estilo, sus tradiciones, un respeto real y vivo por el Libertador.

Décadas más tarde, cuando vivía en Venezuela,  siempre que iba a lo que aún se consideraba el centro de Caracas me detenía un momento para reverenciar la memoria de Simón de Bolívar, sencillamente: el Libertador.

El visionario, el hombre de ideas claras que entendió que el único modo de que América sea libre es si se une.

Un hombre que en 1800 estaba más claro sobre las dificultades de entonces  y los problemas del futuro  de América que muchos gobernantes de hoy.

Bolívar previó que un plan para dominar América,  años antes de que el presidente norteamericano James Monroe  le diera la razón cuando dijo “América para los americanos”.  De entonces acá Estados Unidos nos ha sometido a toda suerte de vejámenes. Invasiones, intervenciones, desembarcos, amenazas armadas, diplomáticas, traiciones como la cometida contra  Argentina cuando violaron el tratado interamericano de asistencia recíproca y ayudaron a Inglaterra en la Guerra de Las Malvinas, y paro de contar.

La llamada “civilización Americana” que bien pudiera convertirse en la líder de una América unida, en guía de América, mantiene su espíritu de conquista y sigue su juego a la división con los acuerdos bilaterales de libre comercio.

Los polos de poder se desplazan hacia lugares no tradicionales y hacia Europa cuya más cercana demostración de sabiduría, la unidad de las naciones de su continente ha producido un bienestar colectivo como nunca antes en la historia.

¿Acaso hay alguien en América que piense que es posible una gran zona de libre comercio, una unión Americana?

¡Difícil! ya ellos son los Unión Americana, ellos son América, sencillamente, por eso en ocasiones nos tratan como advenedizos, como intrusos, como lo último que entra la vaca al monte. No soy quien para intentar restar méritos en números,  estadísticas, que no en sentido humano: compartir conocimientos, contribuir a la educación de los países más   atrasados, dar  como dijo el doctor José Francisco Peña Gómez “dale luz y consuelo al que gime/y al que yace tu mano levante”. América tiene todas las condiciones  para ser un continente rico: tiene buenos recursos humanos y físicos,  mucha tierra virgen,  mucha agua, aún le quedan bosques, minas, buenas vías  de comunicación  terrestre ¿qué falta? La buena voluntad y el respeto a los demás.  En la calle 14, en Nueva York, hay una estatua de Duarte que me puso a pensar en una América integrada, única, sin engreimientos ni imposiciones, que trabaje para el bienestar de los americanos de América que somos todos, del polo sur al polo norte e islas adyacentes. No es un sueño, vea lo que ocurre en América del Sur y luego hablamos.