Reforma real e imaginaria

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JOSÉ LOIS MALKUN
Escuchando el discurso del presidente Fernández sobre la Reforma Fiscal, es obvio que hay dos reformas propuestas. Una real y otra imaginaria. Dado el alto nivel de rechazo a esta reforma, lo lógico era esperar un paquete fiscal que incluiría una reducción de gastos del Gobierno y un aumento de los impuestos.

La reforma real es la que generará ingresos adicionales al fisco. La imaginaria es la que se refiere a la reducción en los gastos, que no se cumplirá pase lo que pase.

Porque de ser verdad lo que dijo el Presidente sobre un ahorro en los gastos del Gobierno de 17.5 mil millones de pesos en el 2007, no era necesario introducir nuevas cargas tributaria para generar 17.5 mil millones de pesos adicionales.

Una nueva reforma fiscal, con una reducción de gastos de 17.5 mil millones, no requiere recaudar más de 7 mil millones de pesos. Con eso habría un ahorro fiscal 24.5 mil millones (2.2% del PIB) que es suficiente para cumplir las metas fiscales del 2007 y reestablecer el acuerdo con el FMI.

Es obvio que el Gobierno tenía que anunciar una fuerte reducción en sus gastos para justificar la necesidad de un mayor sacrificio de la población, pagando más impuestos. Es el caramelo envenenado que introducirá el Presidente. Y aunque eso no cambiará el alto nivel de rechazo a esta nueva reforma fiscal, el problema es que de cualquier manera pasará en el Congreso y se convertirá en ley.

Y viendo el asunto con cierta objetividad, esta nueva reforma fiscal solo sería digerible si recaudara únicamente esos 7 mil millones que hacen falta para complementarlo con la reducción en los gastos anunciada por el Presidente. De no ser así entonces el déficit fiscal se financiará solo con los ingresos adicionales que obtenga el fisco. El discurso del Presidente esta cargado de imprecisiones. La primera es de tipo político al acusar al PRD de mutilarle la reforma del 2005. Eso le da votos a la oposición porque nadie quiere más tributos.

Además, mientras el 90% de la militancia del PRD considera que fue un suicidio político aprobarle al Gobierno una reforma que le generó 25 mil millones adicionales en el 2006 y como consecuencia la pérdida del control del Congreso, ahora resulta que el presidente Fernández considera esa mutilación como una malicia del PRD. Esto no tiene sentido.

Otra imprecisión presidencial es hablar de una “rectificación” a la reforma anterior por esa insensatez de la oposición de cortarle ingresos al Gobierno por unos 6 mil millones. Pero el Gobierno se la buscó para compensar con creces ese monto aplicando el recargo cambiario durante el primer semestre del 2006 y posponiendo todo el año el ingreso del país al DR-CAFTA. O sea, esa reducción en nada afectó los ingresos esperados por el fisco para este año. Si hay menos ingresos de lo previsto es por otras razones, entre ellas un crecimiento de la economía que no se refleja en las ventas ni en las recaudaciones.

La imprecisión más inconcebible es la referente a la nómina pública. Habla de reducción de empleados cuando solo basta ver el gasto del Gobierno en sueldos y salarios y compararlo con dos o tres años atrás. Estamos hablando de un 30% de incremento (7 mil millones). No se como ponen al Presidente a decir incoherencias en un discursos a la Nación.

Esta nueva reforma es un golpe bajo para el turismo. Un sector afectado por un peso sobrevaluado que no puede castigarse con más impuesto. También lo es para el sector construcción ya que aumentar del 1% al 2% el impuesto a las propiedades suntuarias, tendrá un duro impacto en los bienes raíces. El Presidente debió anunciar una reducción al Impuesto sobre la Renta pero solo ratificó su vigencia hasta el 2010, lo que aumentará la evasión. Habló de ampliar la base del Itbs, lo que golpeará directamente a los más pobres.

Pero el Presidente no dijo nada de aumentarle los impuestos a los juegos de azar y a los vehículos de lujo. Tampoco de suspender el Metro temporalmente, que se chupará 4 mil millones en el 2007. Mucho menos se refirió a la focalización del subsidio al gas licuado, que pobres y ricos disfrutan por igual. Estas simples medidas, con el selectivo a las bebidas alcohólicas y los seguros, hubieran sido suficientes para generar más de los 7 mil millones que hacen falta si el Gobierno realmente se propone reducir sus gastos en 17.5 mil millones.

En fin, de aprobarse esta nueva reforma, el Gobierno prácticamente no tendría que sacrificar nada para conseguir el equilibrio fiscal necesario y reestablecer el acuerdo con el FMI. Lo que demuestra que el anuncio de ahorro fiscal es imaginario. No se cumplirá. Pasará lo mismo que este año y que el 2005, pero peor ya que se acerca el período preelectoral y los que están con Leonel ya iniciaron su larga y costosa fiesta reeleccionista.

Y eso es lo más penoso de todo. Sacrificar al país con más impuestos para seguir financiando el derroche gubernamental. De manera que el acuerdo con el Fondo solo se limitará a una nueva carta de intención en enero próximo sin posibilidades de que esta se cumpla en el 2007, tal como pasó este año.