Reformas urgentes en la UASD

JUAN BOLÍVAR DÍAZ
No sólo son las instituciones del gobierno central, el Congreso Nacional, los municipios, los partidos políticos y la Policía Nacional  que requieren urgentes transformaciones. También la Universidad Autónoma de Santo Domingo, reducto de intelectuales y profesionales de visión modernista y progresista.

La UASD está muy lejos de cumplir con su misión de academia crítica, de promotora de las transformaciones sociales y vanguardia del desarrollo integral de la sociedad dominicana. Para ello tendría previamente que auto transformarse, buscar nuevos rumbos.

La gran universidad nacional es apenas una fábrica de profesionales teóricos, en gran proporción deficientes, y ha olvidado dos de sus tres misiones. Lo que dedica a la investigación y la extensión hacia la comunidad no llega al 2 por ciento de su presupuesto. Y el 98 por ciento apenas alcanza para gastos corrientes, viviendo en permanente endeudamiento. La situación es tan crítica que no ha podido pagar el aumento salarial del 15 por ciento que por ley rige desde el primero de julio.

Su crecimiento es tan desproporcionado que castra sus posibilidades y consume sus energías. La matrícula para el primer semestre del 2005 ha sido de 156 mil 184 y con los que iniciarán en agosto se aproximará a los 170 mil. Por cierto que el 65 por ciento es del sexo femenino.

Pero una alta proporción de esos matriculados en realidad sólo están consumiendo los recursos del pobre pueblo dominicano. La tasa de graduación o investidura ronda apenas el 23 por ciento. En el período 2000-04 se matricularon 139 mil 267 estudiantes y sólo fueron investidos 31 mil 791, es decir uno por cada 4.4 estudiantes. En la facultad de Ingeniería y Arquitectura el promedio llega a uno por 7.9.

El desperdicio se puede medir también por el hecho de que para el segundo semestre del 2004, los alumnos inscribieron 461 mil 425 asignaturas, pero antes de concluir el período habían retirado casi la mitad, 220 mil 937, equivalentes al 47.8 por ciento. Y la tasa de aprobación fue de apenas 42.5 por ciento del total seleccionado. En Ingeniería y Arquitectura retiraron el 51.2 por ciento y sólo aprobaron el 40 por ciento.

Otra grave irracionalidad es la concentración de la matrícula en carreras saturadas, como contabilidad, que encabezaba en del primer semestre de este año con 16 mil 446 alumnos (10.53 por ciento del total). Derecho tenía 12 mil 680 y Medicina 12 mil 545, para un respectivo 8 por ciento. Los 11 mil 235 estudiantes de Educación (7 por ciento) completaban la tercera parte de la matrícula, concentrada en esas cuatro carreras, que apenas representan el 3.8 por ciento de las 112 que se imparten.

Para colmo de la irracionalidad debe anotarse que en 4 de las carreras sólo había un matriculado y en otras cuatro 2. Las 23 carreras de menor matriculación apenas sumaban 97 alumnos, promediando 4.2 por ciento. La más elemental racionalidad recomienda cerrar todas esas carreras y otras 22 más con menos de 50 estudiantes cada una. Sobre todo si apenas uno de cada 4.4 terminará graduándose.

Claro que esta alta tasa de deserción y repetición guarda proporción con los bajos costos de la matriculación, y la ausencia de un programa de baja para los de menor rendimiento. La UASD es mucho más barata que los colegios y escuelitas privadas que abundan en los barrios marginales, donde este Estado fallado no ha podido garantizar la escuela pública.

El nuevo Rector de la Universidad Autónoma, Roberto Reyna, quien proporcionó las estadísticas antes citadas, recuerda que cuando fue vicerrector académico entre 1999 y 2002 se puso en práctica la baja estudiantil, que llegó a afectar a 14 mil en un solo semestre. Tal vez por eso las autoridades que le sucedieron la descontinuaron.

Reyna advierte que los problemas vienen de la educación básica y pasan por la secundaria. El 62 por ciento de los bachilleres son deficientes en las dos materias fundamentales: letras  y matemáticas. El resultado final con el 23 por ciento de los matriculados en la UASD que llegan a graduarse, no puede ser otro que la mediocridad.

Nadie debe sorprenderse, si sabe que el promedio de docencia diaria en nuestras escuelas básicas, es de 2 horas 36 minutos, de acuerdo a la encuesta Educa/Gallup publicada esta semana,

Desde luego, todo eso en un escenario nacional de pobreza que abarca el 60 por ciento de la población, con más de un 20 por ciento de indigencia. Círculo de fuego que castra las energías nacionales y que estamos condenados a romper si queremos dar el salto al desarrollo.

La Universidad del Estado debería estar a la cabeza del esfuerzo por las grandes transformaciones. Pero le será imposible si no comienza por sí misma y pronto. Sus nuevas autoridades saben lo que hay que hacer. Ojalá emprendan el camino. De lo contrario no se justificarán los más de 3 mil millones de pesos que el gobierno está invirtiendo en construcciones para la más antigua universidad americana.