Reformismo: dinámica de hogar y familia

Al acercarse hoy la hora de decidir el futuro de nuestra institución política, no nos queda más que apelar a los viejos valores que dieron pie a la formación de los hogares, las familias, las sociedades y los partidos, y que deben ser el eje sobre el cual gire el renacer del insigne Partido Reformista Social Cristiano.

La opinión pública, crítica impiadosa de nuestras erradas y desacertadas decisiones, espera impaciente por la próxima acción de la maquinaria roja. Nos observa, y espera. La sociedad dominicana, que nos vio nacer, que nos nutrió y nos crió, hoy nos reclama un nuevo liderazgo, hoy nos exige la continua vigencia de la democracia partidista.

Las bases de nuestro Partido Reformista, cual Penélope sometida a una espera que parece no terminar, anhelan la reivindicación de nuestra dignidad y nuestro honor en la vuelta a un partido independiente y opositor capaz de recobrar el aprecio y el respeto de todo el pueblo dominicano.

Si hemos hoy de renacer, lo haremos colmados de virtudes, de honor, de lealtad y de pureza hacia nuestro nombre, nuestra filosofía, nuestro hogar, y nuestros antepasados.

No es por tanto momento de alianzas, sino de reunificación.

Debemos ser independientes, libres como partido, para que el fuego de nuestro hogar, que es la providencia de nuestra familia reformista, antes que apagarse se reavive y se mantenga ante el altar de nuestros antepasados, siendo fuente de salud, de riqueza y de felicidad para todos los dominicanos.

Si levantamos según estos principios el altar de nuestro partido, éste será una vez más refugio verdadero de todos los reformistas. Y podremos decir como Hécuba, cuando fue invadido el palacio de Príamo, que llevando al viejo rey al pie del hogar le dijo: “Tus armas no podrían defenderte, pero este altar nos protegerá a todos”.

Seamos pues una familia, unidos en vínculos de sentimientos verdaderos y no de intereses encontrados, retomando esas costumbres que fortalecen la llama de nuestro fuego sagrado, ese poder tutelar que crea con su calor una auténtica mística de hogar.

Un reformista no puede colocar el hogar fuera de la casa. Para ser reformista tiene que vestir de colorao. Para ser reformista tiene que enarbolar la bandera del gallo. Para ser reformista tiene que marchar a pasos de vencedores.

 “Yo soy fuerte contra mis enemigos – dice el brahmán – con los cantos que tengo de mi familia y que me ha transmitido mi padre”. Y nuestro fundador y líder al dar la vida a sus hijos reformistas, le daba al mismo tiempo su creencia, su culto, pero sobre todo, el derecho a mantener el hogar con su fuego sagrado encendido, único, insustituible.

 Obra esta última que sólo podrá consumarse con la ofrenda hoy del sacrificio de todos los reformistas.