Regalo de Navidad

Abatidos por los más negros presagios de empeoramiento de la crisis económica, con un alza incontenible de los precios de todo lo que se necesita para vivir y desenvolverse en las faenas diarias, los dominicanos nos aproximamos a quizás al diciembre más negro, comparable tan solo a aquel de 1963, escenario del sacrificio de tantos jóvenes, impulsados a una quimérica guerra de guerrilla, desorganizada y peor respaldada.

Las vicisitudes de los dominicanos no terminan. La caldera política está al rojo vivo, cuando las pasiones y las ambiciones dominan el accionar de los dirigentes de los partidos que luchan por mantener una supremacía y un liderazgo que ya el pueblo no respalda. Son muchos os errores cometidos y abusos a granel en contra el erario público, ejecutados impunemente por los que supuestamente debían ser servidores honestos y confiables en una administración correcta y sensata, sin los sobresaltos que se viven a diario con un equipo humano empeñado en sus afanes políticos.

Pese a que el Cibao todavía permanece anegado en agua desde el pasado día 13, las autoridades juegan con la desgracia de la gente, ya que la respuesta era que nada se podía hacer por que el agua de los ríos desbordados impedía los trabajos de asistencia. Y esa asistencia llegaba en mínimas cantidades, aumentando las desgracias de la gente, así como la furia contenida, que ha obligado a dos prelados católicos a denunciar esa lentitud, mientras solo se habla en las filas del gobierno perredeísta de sus dos convenciones y de la reelección del presidente Mejía, descuidando asuntos más importantes que repercuten gravemente en el sentir nacional cada vez mas pesimista y temeroso de ocurrencias peores en contra de la institucionalidad.

La lentitud de las conversaciones del FMI y de las autoridades dominicanas, que obligó a un funcionario del Tesoro norteamericano a venir al país pro 24 horas, hace temer de que las travesuras gobiernistas están a la orden del día y se deduce que no quieren someterse a una disciplina fiscal con los gastos corrientes debido a que se dan cuenta que llevan las de perder si se les corta el uso alegre de los fondos públicos tanto para las convenciones de los próximos días así como la campaña reeleccionista.

No hay dudas que el país está atrapado en la vorágine y apetito desorbitado del PPH y del presidente Mejía, el cual está empecinado en repostularse, y como Jalisco, nunca pierde y si pierde arrebata, y mas que tiene demasiado poder para hacerlo ya que cada vez lleva a un peligroso grado de politización a sectores importantes de las Fuerzas Armadas, que algunos oficiales, propugnan por un nuevo período del gobernante.

De ahí que el mejor regalo, que el país podría esperar, con unas navidades que se vislumbran muy tristes, es que el presidente Mejía anuncie al país sus decisión de desistir de la repostulación, aún cuando su grupo del PPH tome represalias en contra de él. De seguro que el país se reanimaría y hasta vería con satisfacción de como su presidente se dedicaría a gobernar para devolverle la confianza al país, pues cada día se corroe por esa insensata terquedad de buscar una reelección que es rechazada por todos.

Al país se le ha hecho mucho daño en los pasados tres años, por una administración, cuya única estrategia de gobierno, es retener el poder por todos los medios, y no se detienen sin ningún pudor, a ver de cómo son repudiados por la ciudadanía, que cada día ve como empeoran las cosas con tantas desacertadas acciones como aquella de querer dejar deslizar la prima del dólar, con un deslizamiento que ahora nadie sabe cuando se detendrá. Al igual, la crisis con los bancos quebrados es de gran culpabilidad oficial por no actuar a tiempo. Y lo peor de todo, es ese infernal proceso de endeudamiento externo que ha comprometido, para los próximos 10 ó 20 años, casi el 50% de los ingresos al erario público con una carrera loca de empréstitos, muchos de los cuales ni siquiera se sabe cuales son sus fines, y de esa manera han logrado la hazaña de duplicar la deuda externa con relación a la que era en agosto del 2000.

Por lo anterior, lo menos que el PPH debería hacer, es permitir que el presidente Mejía desista de su repostulación para que el país respire y pueda recuperar algo de confianza, pudiendo celebrar sus Navidades sin sobresaltos, que el presente mandato concluya felizmente sin los temores de un autogolpe militar, o de elecciones amañadas que podrían producirse dependiendo del veredicto que emane de la JCE cuando se celebren las dos convenciones perredeístas de los días 7 y 14 del próximo mes.