Regeneración atmosférica

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A Copenhague se viajó para salvar la Tierra de la depredación humana. Por las diferencias sostenidas por técnicos y políticos, se ha visto que también se viajó para afianzar las diferencias humanas. El calentamiento global, por tanto, es compromiso latente que encontró voceros mas no halló fórmulas de consenso por la superación. En las horas en que se difunde este escrito está a punto un documento transaccional que posterga obligaciones y declina compromisos.

Aunque el viernes anterior culminó la multitudinaria reunión sobre problemas del clima terrestre, todavía laboran los técnicos. Están supuestos a concluir en las horas que transcurren con la entrega del documento que refleja la preocupación por los efectos de los gases de invernadero. Una variopinta gama de opiniones divide a los gobiernos de las naciones ricas y pobres y a los delegados que conformaron la cumbre. Nos hemos concentrado en luchar por la reducción de los gases tóxicos y se han obviado las alternativas. Una de éstas, el árbol.

La búsqueda del bienestar centró por más de un siglo la atención de países con alto desarrollo relativo. La satisfacción de necesidades básicas para amplios sectores poblacionales en esas naciones y el logro de una mayor calidad de vida, centró la atención de los guías de esos pueblos. Ahora se especula que el crecimiento se logró, en gran medida, por el sacrificio del equilibrio ecológico. Algunos científicos aseguran, no argumentan, que los éxitos económicos dañaron o alteraron condiciones prístinas en zonas de vida terrestre. Llegó, alegan, la hora de las rectificaciones.  

Causa de las tensas discusiones son los gases tóxicos que expelen las industrias en las naciones de mayor desarrollo relativo. La reducción de gases nocivos entraña también disminuciones en los procesos de producción manufacturera. Nos olvidamos del árbol y de todo vegetal con hojas de color verde. Las plantas procesan gases y sustancias tóxicas mediante procesos químicas que permiten identificarlas como fábricas químicas.

Las plantas absorben del aire el despreciado dióxido de carbono. Mediante el proceso de la fotosíntesis combinan luz solar y agua para sintetizar materias orgánicas. Como resultado de ese proceso desprenden oxígeno que se integra a la atmósfera. Esa tarea de regeneración de las condiciones atmosféricas no cesa, aún cuando el Sol se haya ocultado.  En la oscuridad las plantas mantienen la transformación de gases utilizando formas de energía química que produjeron cuando recibieron luz solar.

Resembrar plantas de hojas verdes, por consiguiente, es una forma de contrarrestar la emisión de la mayor parte de gases tóxicos, y sobre todo, del dióxido de carbono. En tanto cambian su actitud las naciones de gran producción industrial reacias a reducir las emisiones de gases tóxicos, a la humanidad le queda como remedio el reforestar las extensiones taladas. Es un modo de replantearse los inconvenientes de Copenhague y de devolver a la Tierra aquello que le quitamos.