Regeneración de suelos

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Cosme Brito es profesor de ciencias ambientales en el Recinto de la Universidad Tecnológica de Santiago en Santo Domingo. En alguna ocasión ha servido en consultorías a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Bajo tales responsabilidades le ha correspondido realizar estudios en Haití. A Cosme le informé que habría de mencionarlo en este escrito, a propósito de conversaciones sostenidas.

El llamado macizo central, estribaciones montañosas que son la prolongación de la cordillera Central en el este de la isla, se enclava en zona de elevada pluviometría. En alguna época debió constituir un bosque húmedo subtropical. Hoy luce un suelo deslavado, en el que no hay señales de capa vegetal. La recuperación de esas tierras para aprovechamiento forestal y restablecimiento del ecosistema, implica elevadas inversiones. ¿Puede acometerse una obra de este tipo?

Muchos técnicos entienden que ello es imposible para los gobiernos haitianos. Ocurre, empero, que en la parte este de la isla tenemos áreas territoriales que devienen hacia condiciones similares. Hace poco tuvo lugar un seminario sobre la propensión de la isla a volver grandes extensiones territoriales en desiertos, y las conclusiones fueron aterradoras. A un lado y otro los gobiernos están conminados a enfrentar el desastre. Pero no a costos de organismos multilaterales y gobiernos nacionales. Aunque sean éstos quienes paguen.

Una tecnología aplicada, que recurra a procedimientos rústicos calcados de la Naturaleza, es la recomendada. Existen especies vegetales capaces de crecer sobre piedra.

Al reconocer la isla en el último decenio del siglo XV, los españoles encontraron especies como la güáyiga, que le llamaron la atención por ello. Lo más significativo para ellos era que, además, su raíz tuberosa era comestible, cumplido determinado proceso. Similar en su follaje a las especies de las palmáceas, la güáyiga es, apenas, un ejemplo.

Porque muchas leguminosas arbóreas son igualmente apropiadas y tienen la particularidad adicional de que son plantas que ayudan a fijar nutrientes en el suelo.

Pequeños molinos movidos por fuerza muscular pueden servir para triturar hojas y esas ramas débiles de los árboles y arbustos a las que el pueblo denomina charamicos. Removida e hidratada esa masa, puede revolverse en esos terrenos que perdieron el suelo productivo y muestran, apenas, material inerte de la capa terrestre.

El jornal de un agricultor sin fortuna, desprendido de quehaceres productivos, es, apenas, lo que enfrentarán como inversión los organismos multilaterales y los gobiernos.

Cuando le pedí permiso a Cosme para mencionarlo en este escrito, expuse mi tesis de una “tecnología aplicada” sin entrar en detalles. Un poco perplejo comentó

-Escríbalo. Ya veremos qué le digo.