Regresa de la guerra traumatizada: cae en drogas y alcohol

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Long Beach, California, EE.UU. (AP).- Cuando Margaret Ortiz regresó de Irak, tenía 15.000 dólares en su cuenta bancaria y una misión: olvidar lo que vivió en la guerra, estudiar en la universidad y consumir todo su dinero en drogas y alcohol.

Unos meses más tarde despertó detrás de un bote de basura con los pantalones abajo y sin idea de lo que había pasado.

En vez de ayudarla a olvidar los seis meses en Irak, donde cuenta que enfrentó ataques a su base y acoso sexual de parte de sus compañeros, el alcohol y las drogas le recordaban lo vivido o le producían desvanecimientos.

“Sabía que algo no funcionaba conmigo, pero no sabía qué era”, dijo Ortiz, una puertorriqueña de 27 años, desde lo alto de una litera de un refugio para veteranas de guerra. “Nadie lo sabía en realidad, así que no lo podía manejar”, cuenta.

Ortiz es un de las nuevas caras de los veteranos de combate estadounidenses que no tienen hogar. Las mujeres suelen ser más jóvenes que los veteranos sin casa y más proclives a tener hijos.

El número de mujeres que alguna vez sirvieron en las fuerzas armadas y que al ser dadas de baja no tienen un hogar se ha duplicado en la última década y se cree que hay unas 6.500 que no tienen dónde pasar la noche. Ellas suman aproximadamente 5% del total de los veteranos de guerra sin hogar.

Hay pocos programas que dan refugio a mujeres como el que encontró Ortiz.

“Es difícil encontrar ayuda si no tienes un hogar”, dijo la senadora Patty Murray, integrante de la Comisión de Asuntos de los Veteranos de Guerra del Senado. “Pero es casi imposible si eres mujer. La mayoría de las instalaciones del Departamento de Asuntos de los Veteranos (VA por sus siglas en inglés) son para hombres y no puedes llevar a una mamá con dos hijos a un centro para personas sin hogar con 30 o 40 veteranos hombres”, agregó la senadora demócrata.

El regreso no es tan fácil como parece y pueden pasar años hasta que encuentran un hogar.

“La gente cree que salimos del ejército y que debemos tener todo en orden”, dijo Tiffany Belle, de 33 años, una ex infante de marina de la armada que rindió servicio en Filipinas después de los ataques del 11 de septiembre y vive con Ortiz en el albergue para veteranas. “Es muy difícil, algunas personas no saben a dónde ir o qué hacer”.

Como muchos hombres, gran parte de las mujeres que sirvieron en las fuerzas armadas y quedaron en la calle enfrentan adicciones y problemas psicológicos. Muchas deben superar trastornos por abusos sexuales que ocurrieron en su infancia, en el servicio militar o en otras partes.

Ortiz cuenta que fue víctima de abuso sexual cuando era niña. En Irak tuvo que defenderse de acoso de los soldados que le hablaban como si fuera una prostituta. Encima de eso recuerda que los convoyes en los que trabajaba como chofer eran atacados de forma regular.

Uno de los incidentes que la impresionó más fue cuando estaba a unos 12 metros (40 pies) de un edificio que quedó destruido por un mortero cuando vivía en Tikrit.

Unos meses después regresó a California, con la idea de ir a la universidad, vivir con sus padres y gastar todo su dinero en drogas.

Al final terminó en un hospital psiquiátrico por intento de suicidio y en programas de tratamiento por adicción y traumas por abuso sexual.

“No sabía qué procesar, tenía demasiadas cosas”, dijo.

La sargento Alta Jackson, de 58 años, no ha roto sus lazos con el ejército luego de enrolarse hace casi 30 años y sigue sirviendo como reservista. Ahora vive en un albergue para veteranos. Fue enviada a Irak en 2005, pero cuenta que perdió su trabajo como custodia. Cuando estaba basada en Bagdad, su cuartel sufría ataques casi todas las noches, que destruyeron estructuras muy cerca de dónde se encontraba e hirieron a sus compañeros.

Al regresar de la guerra cuidaba de su padre de más de 90 años y ambos vivían con su pensión. Después de que él murió iba pasando de familiar en familiar, algunos de los cuales perdieron sus casas en la crisis inmobiliaria y mientras tanto seguía sin encontrar trabajo.

“La gente no me quiere contratar porque estoy demasiado vieja”, dijo Jackson.

Ahora sigue buscando empleo pero también existe la posibilidad de que sea enviada a una nueva misión y el futuro le parece bastante incierto.

“A veces me siento muy bien y estoy contenta”, dijo Jackson. “A veces cuando me siento y pienso sobre ciertas cosas me deprimo. Pierdo el ánimo porque es muy difícil decir qué es lo que puede suceder en el futuro”.

El albergue en el que viven estas mujeres es uno de los menos de 10 en el país que recibe dinero del VA para dar ayuda especializada a mujeres que sirvieron en las fuerzas armadas que no tienen hogar. Les da refugio, ayuda para encontrar trabajo y terapia por abuso sexual.

Los administradores trabajaban con ex soldados por años y pensaron que los mismos programas funcionarían con las mujeres. Pero se dieron cuenta rápidamente que las mujeres tienen necesidades más complejas y que requerían de un tratamiento más largo.

“Realmente tienen maneras distintas de lidiar con las cosas “, dijo la doctora Diane West, la enfermera y terapeuta que administra el programa. También descubrieron que tener a las mujeres en programas mixtos no funcionaba. La mayoría de las mujeres habían experimentado algún tipo de abuso sexual y ansiaban tener privacidad. Otras comenzaban relaciones con los hombres y esto complicaba su tratamiento. Por lo que finalmente cambiaron a un edifico exclusivamente para ellas.

El albergue cuenta con 38 camas para cos.ado apara la economía no es favorable el VA está mucho más invesidad de des. El departamenno tienen hogar.

Además se busca ampliar la os veteranos.

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