Reino de la pastilla

federico

Las farmacias, como todo el mundo sabe, están llenas de píldoras y de jarabes. Los boticarios de todos los tiempos han mezclado diversas substancias -vegetales y minerales- para producir medicamentos. Las farmacias tienen remedios para todas las enfermedades. Y no sólo eso; los tienen en tabletas, en gelatina, en ungüentos, en polvo, en ampolletas para inyecciones. El mismo remedio puede ser administrado en formas diferentes, según la edad del paciente o la gravedad de la dolencia. Muchos médicos y dos o tres sociólogos, afirman que el hombre de nuestro tiempo está “sobremedicado”. Bebe medicinas por cualquier motivo, real o imaginario. Consume medicamentos si le duele la barriga, la cabeza, o si está nervioso o inquieto.
Nadie puede poner en duda la utilidad de los antibióticos, de los medicamentos “descongestionantes” e incluso de los “sedantes”. Cuando el enfermo está “en crisis”, nada hay mejor que el remedio en la dosis adecuada. Pero hay personas que consumen cada día seis o siete pastillas para distintas finalidades curativas. Las toman sin pensar en los efectos dañinos que podrían causar tantas sustancias ingeridas al mismo tiempo. Al más mínimo escozor en un pie, mandan a buscar alguna pastilla; un poco de ansiedad por cuestiones de trabajo y compran enseguida un tranquilizante; un ligero dolor en la cintura y tragan un “calmante” o relajante muscular.
En las tiendas de los aeropuertos venden pildoreras o pastilleros de todos los precios. Hay pildoreras de lujo, de plata con adornos de piedras semipreciosas; las hay de acero inoxidable, con compartimientos para pastillas grandes y pequeñas; también plásticas, comunes y corrientes, para bolsillos proletarios. El caso es que el mercado de adminículos domésticos, toma en cuenta a los bebedores de pastillas, píldoras, tabletas, o como se prefiera llamarlas. Y ofrece objetos para todas las clases sociales.
Quiere decir que el uso de pastillas es un hábito general. El hombre de nuestra época padece una “dependencia” del medicamento. Le produce satisfacción y paz beber píldoras. Las píldoras son temas de animadas conversaciones en cócteles, fiestas, encuentros sociales. La cosa ha llegado a un punto tal, que ciertas personas parecen orgullosas de beber más pastillas que sus interlocutores; discuten sobre la eficacia de “la mejor píldora”.