Renoir, el impresionista más cercano

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Pintor impresionista de origen social humilde, al contrario que coetáneos como Cezanne, Renoir necesitaba la pintura para vivir. Pero pocos saben que Pierre-Auguste Renoir se formó como pintor de porcelanas en el obrador de los Lévy, algo que aportó a sus pinturas con esos terminados suaves y pulidos, esos brillos tersos, esos blancos limpios, casi anacarados, que caracterizan sus desnudos.
Su interés por la pintura le llevó a visitar el Museo del Louvre en París y, en torno a 1860, comenzó a copiar las obras de los maestros clásicos. Poco después fue admitido en la Escuela de Bellas Artes de la capital del Sena, aunque permaneció siempre unido al estudio de su maestro, el suizo Charles Gleyre, donde se formaron y conoció a Claude Monet, Alfred Sisley o Frédéric Bazille. Tras la guerra franco-prusiana (1870-71) en la que fue llamado a filas, pasó temporadas junto a Monet en Argenteuil, al norte de París, donde ambos pintaron paisajes que se convirtieron en modelos del impresionismo.
Hacia 1878 Renoir sufrió una crisis creativa y se desvinculó del movimiento, cansado del impresionismo –el pintor solo participó en tres exposiciones–, para volver a aquel clasicismo que en el fondo nunca abandonó. Sus composiciones se tornaron más equilibradas con más presencia del dibujo.
Aquello ocurrió tras su viaje a Italia, cuando vio en la pintura renacentista “un arte más sólido, con mejor dibujo y más acabado”, motivo que le llevó a retornar a la pintura más tradicional, una decisión por la que recibió las críticas de artistas posteriores.

Renoir en siete claves. Renoir es el impresionista que más empatiza y se acerca al público. Como pintor, Pierre-Auguste Renoir evoca fiesta, baile, juventud y alegría de vivir. Quizás por esta misma razón resulta el más empático y cercano de los impresionistas.
1.- Intimidad y empatía son las dos cualidades que destilan los cuadros de Renoir. Ambas se deben a la sensibilidad y carácter del artista y también a su manera de entender e interpretar la realidad. “No es un observador distanciado y crítico, Renoir es empático”, resume Guillermo Solana, director artístico del Thyssen.
2.- Además de sus tradicionales y conocidas “escenas al aire libre”, que plasman el bullicio del París de la época –“El almuerzo en el restaurant Fournaise” (1875 )–, Renoir pinta escenas más cotidianas, como si estuviésemos espiando a los protagonistas tras una ventana , donde la mujer es clara protagonista, que puede verse, por ejemplo en “Confidencias (Secretos)” (1874).
3.- En sus composiciones pictóricas las figuras siempre advierten una “conexión entre sí”. Por ejemplo en “Baile en el Moulin de la Galette” (1876), no vemos sujetos independientes, aislados, como puede suceder en otros pintores de su época. Durante su etapa impresionista dejó escenas de lo que se conoce como parejas galantes, en las que un simple gesto, una mano o una mirada, consigue lanzar esa sensación de empatía con el espectador de “delicadeza” e “inocencia”, como ocurre, por ejemplo, en “El almuerzo de los remeros” (1881).
4.- Es el pintor de la “ternura”. Renoir introduce al espectador en un universo “femenino”, en el que plasma a las mujeres no de forma estática, sino recreándose, como en “Jóvenes leyendo” (1891) o en “Mujer tocando la guitarra” (1897).

5.- La “familia” ocupó un espacio fundamental en su temática desde el nacimiento de su primer hijo. Retrata a su mujer, Aline, sus hijos y su entorno. Su hijo, el cineasta francés Jean Renoir, hacía hincapié en su faceta intimista y empática: “Si hay un personaje al que pueda aplicársele el término intimidad, es sin duda mi padre”, señala.
Pero, como sucede con la mayoría de los “retratistas”, llega un punto en el que la rutina provoca hastío en el pintor y para “descansar de la figura”, Renoir pinta una serie de paisajes, de pequeño formato, pero de gran valor artístico.
6.- El impresionismo al final le motivó una crisis artística, harto de tanta inexactitud, abandonó sus postulados para tornar al clasicismo, incluso al barroquismo, de Rubens, Miguel Ángel o Rafael. De ahí sus figuras femeninas robustas, criticadas a veces por su desproporción, como su “Eurídice”, que causaron gran impacto en artistas como Amedeo Modigliani o Pablo Picasso.
7.- La “sensualidad” que puede apreciarse en toda su obra se desborda en sus famosas bañistas, desnudos al aire libre que realiza coincidiendo con su viaje a Italia, una “vuelta al clasicismo” y a la tradición.