Reportaje
Ascensos violan normas  de FFAA

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MINERVA ISA Y ELADIO PICHARDO
m.isa@hoy.com.do
Política y burocracia, causa y efecto, razón fundamental de que las Fuerzas Armadas no hayan arrribado a un modelo de institucionalidad y eficiencia, treinta años después de aquel esperanzador día de agosto de 1978 cuando los dominicanos amanecieron libres de los jerarcas militares balagueristas que por su protagonismo en la represión y el crimen encendieron la ira popular, estigmatizando la milicia.

Lejano parecía que años después,  al influjo de la politización que prodiga ascensos, privilegios y prebendas proliferaría el estéril y “cualquierizado” generalato,  que hace evocar a una montonera con barniz posmodernista.

Generales sin tropas que contravienen la normativa organizacional, pendientes de la “goma” o de una “jicotea”, donde se “pique” mucho y se trabaje poco, lo que junto al excesivo número de coroneles y otros oficiales de menor rango genera distorsiones, la nociva burocratización de las instituciones castrenses, erosiona la asignación presupuestaria.

En alta proporción son burócratas que no  desempeñan funciones militares, entre los  que, con la política y la corrupción, contaminan la carrera de las armas, donde no faltan los oficiales apegados a principios éticos y morales que dignamente visten el uniforme.

La burocratización –dice el general retirado José Miguel Soto Jiménez– es el gran mal de las FFAA, porque se ha diversificado y desnaturalizado la función militar, y es una culpa de la voluntad política. Se violentó la regla doctrinal que señala  que el 50% de la fuerza debe ser raso,  30%  clases -cabos y sargentos-, y sólo un 20% oficiales de todos los grados. Pero la pirámide de mando se invirtió desde la década de 1980 y hoy sigue invertida. Eso  pasa en todos los grados, hay más caciques que indios.

Sólo en las FFAA el número de generales sobrepasa en más de 200 a los que había en 1966, cuando eran siete. Exceden con creces a los de la tiranía trujillista con menos de 15 desde que en 1932 Trujillo invitara a un almuerzo a 400 generales y los enviara a su casa, a trabajar al campo.

Al finalizar el gobierno de Hipólito Mejía eran más de 150 generales, el número creció con ascensos, 26 en agosto pasado, más el reingreso de otros cinco.

 Acorde con la tabla organizacional,  deben ser unos 25 generales, según el ex secretario de las FFAA, quien sostiene que sí procede que haya unos cuantos oficiales supernumerarios en una urbanización militar para las eventualidades, cinco o seis. No más.

–La gran tragedia nuestra –dice- es que esos procesos muchas veces son accidentados por las mismas fallas en el sistema político, por la repercusión que tiene la voluntad política en las FFAA más allá de lo razonable. Siempre es impactada por la voluntad política, pero la misma es amortiguada por el encuadramiento institucional y las normas, lo que en nuestro caso ocurre de forma muy accidentada.

–El gobierno de Salvador  Jorge Blanco comenzó muy bien en las FFAA, pero luego hubo una distorsión enorme, se festinaron los ascensos, pasó el gran escándalo de las compras de las FFAA.

Y de ahí volvimos al doctor Balaguer.

Especialismos.  Los sueldos base son bajos, entre RD$4,500 y RD$30,000, complementados con los “especialismos”, una gratificación por algún trabajo realizado, un médico, un albañil y otros oficios. Pero esto se desnaturalizó, abriendo una brecha para obtener beneficios, propiciando corrupción, favoritismos. Los ingresos de generales no se corresponden con la opulencia que algunos ostentan, altamente contrastante con la vida precaria de muchos de menor rango, sobre todo los rasos que “se la buscan” con el chiripeo, apelan al “macuteo”, a actos ilícitos.

Sobre la remuneración de los militares, el teniente general Ramón Aquino García, secretario de las FFAA, expresa: –En todas partes del mundo los sueldos base de los militares nunca son elevados en comparación con los de toda la sociedad. Pero existe una serie de incentivos que los complementan y les permiten vivir de manera adecuada. Aquí le llamamos especialismos, que están presupuestados y son un incentivo para los que trabajan en las posiciones de mayor relevancia o responsabilidad. Por ejemplo, un soldado que presta servicio en la CDEEE tiene un especialismo que complementa su sueldo. Se le paga una ración alimenticia y se le suministra ropa periódicamente, sin contar los servicios de salud y  ayuda social.

–Generalmente los más nuevos están en los cuarteles y todavía no tienen familia. Otros, en el interior, poseen sus predios agrícolas cerca de los cuarteles y con programas de incentivo del gobierno desarrollan  microempresas que les permite sostener a su familia adecuadamente. Muchos oficiales y alistados estudian en las Escuelas Vocacionales, aprenden un oficio, el cual comparten con su servicio militar.

–Un oficial general o almirante, también muchos coroneles, si es director o comandante de brigada o de un comando naval aéreo, su sueldo está equiparado a los del Estado y cuenta con un especialismo, combustible para su trabajo, entre otros incentivos presupuestados. La mayoría de los oficiales a lo largo de su vida militar y en procura de asegurar su futuro generalmente estudian una carrera adicional, la cual ejercen paralelamente a la militar, lo que le asegura un ingreso extra. Conozco el caso de oficiales que ganan mucho más ejerciendo sus carreras de abogados, contadores, informática o administrando sus negocios que lo que les pagan las FFAA.

–Desde que el oficial cumple 20 años y cada cinco años, se ha hecho  una costumbre que cada Presidente de la República les  incentive con el otorgamiento de un impuesto único para importar un vehículo de motor. Tradicionalmente cada gobierno asigna cuotas de viviendas en sus proyectos habitacionales a los oficiales de las Fuerzas F¡Armadas y de la Policía.

–Desde siempre, aquí  y en la mayoría de los países los oficiales y alistados tienen oportunidades de administrar cantinas y del suministro de alimentos en los campamentos,  rotados cada seis meses, lo que les genera ganancias que  muchos invierten y se traduce en  beneficios económicos adicionales.

Germen del mal.  Los reintegros, el germen que siempre lleva la politización de las FFAA, se producen a lo largo de la historia, ocurrieron con Buenaventura Báez y Pedro Santana, se repiten con Horacio Vásquez. Al  asumir la Presidencia en 1924 encuentra un instrumento militar ajeno a lo que  conocía, y reingresa oficiales que le fueron adictos antes de la ocupación militar de EEUU.  Trujillo, como jefe de la Guardia Nacional,  mientras reingresa a horacistas violando los estatutos, también reincorpora jimenistas, sembrando adhesiones para su proyecto político.

Con Balaguer ocurre un fenómeno muy parecido al de Vásquez. Al retomar el poder en 1986  ya no conoce a los oficiales, se vio sin adhesiones conocidas en las FFAA,   trató de articularlas y  volvieron los reingresos. Asciende a oficiales que conoce, en ocasiones no de la mejor calidad para el proceso  en marcha. Hubo retraso, aunque influyeron otras razones, como explica Soto Jiménez:

–La crisis económica de los ochenta tuvo su efecto en las FFAA y para evitar la fuga de oficiales de escuela, lo que se hizo fue violentar las normas de ascensos. La calidad de vida de los militares se degradó y  se recompensó con ascensos,  pero no había plazas. Comenzó así la distorsión, la inversión de la  pirámide de mando.

Las frases

Ramón Aquino García

Hay mayor economía de recursos y mejoría del trabajo en equipo”.

         José M. Soto Jiménez

La burocratización obliga a organizar el personal de las FFAA”.

Sigfrido Pared Pérez

Indiscutiblemente, hemos avanzado con mucha firmeza”.

Luis R. Payán Areché

El proyecto de seguri-    dad social mejorará las   condiciones  del militar”.