Reportaje
Jardín Botánico, un
regalo para la ciudad

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POR ARISMENDY CALDERON
arismendy_ak47@hotmail.com 
En casi tres décadas de trabajo infatigable, Ricardo García  ha visto crecer y desarrollarse, como si fuesen hijos de sus propias entrañas, a cientos de especies de flora y vegetación extraídas de los más recónditos lugares del país, para ser replantadas en el área de dos millones de metros cuadrados que conforma la exquisita y variada vegetación del Jardín Botánico Nacional “Doctor Rafael María Moscoso”, el pulmón natural que genera más oxígeno en la bulliciosa y contaminada ciudad de Santo Domingo.

Conoce cada palmo de terreno de lo que ha sido su hábitat natural de trabajo en los últimos 27 años, y puede señalar, con los ojos cerrados, el área donde han sido plantadas  las especies de flora y vegetación endémicas,  algunas amenazas, localizadas en agotadoras jornadas de trabajo en la Cordillera Central, Sierra de Baoruco, Loma Quita Espuela,  Loma la Humeadora, Los Haitises, Novillero, Parque Nacional del Este o Sierra de Neiba. Cada especie ha sido cuidadosamente transportada, plantada y conservada en el Jardín Botánico Nacional.

En este oasis refrescante, lleno de esplendor y frondosidad, que indudablemente contribuye a mejorar la calidad del aire que respiran los residentes en Santo Domingo, Ricardo García ha compartido, día a día, con una fauna variada y rica que ha  hecho del Jardín Botánico su hogar. La fauna y la flora se desarrollan sin ninguna perturbación. Por esa razón, el lugar es un refugio natural no solo de aves, como perico, cotorra, carpintero, pájaro bobo, cigüita, tórtola, rolón, rolita, chinchilín, judío, gallareta, Saramagullón, Yaguaza, ruiseñor, julián chivi, barrancolí, cigua palmera, o petigre, sino que allí hay culebras, lagartos y otras especies de reptiles.

El Jardín Botánico ha sido convertido en un observatorio de aves exóticas. Cada año, grupos de personas interesadas en este tipo de actividad se reúnen a observar las especies existentes. Se estima que en esa área de dos millones de metros cuadrados de vegetación hay más aves que en cualquier parque nacional del país.

Allí, en ese espacio de vida natural que visitan alrededor de 180,000 personas al año, García ha adquirido sabias experiencias con otros profesionales del área con quienes ha compartido la responsabilidad de convertir esta área protegida en uno de los diez mejores jardines botánicos del mundo. Es un sello de orgullo que comparte con compañeros de labores de toda una vida, a  quienes reconoce méritos profesionales, vocación inquebrantable de trabajo y cualidades humanas excepcionales, tales como Milcíades Mejía, Daysy Castillo, Francisco Jiménez y José Pimentel.

Ese mismo respeto siente por Tomás Sanoni, italiano, con quien trabajó desde 1980-83, y Alain Liosier, una eminencia en la materia,  autor de muchas investigaciones científicas y autor de mayor parte de las publicaciones sobre la flora dominicana. Otra persona a quien le tributan mucho respeto es al historiador Frank Moya Pons, secretario de Medio Ambiente en el período 2000-2004, por el “apoyo y soporte al trabajo” en el  Jardín Botánico Nacional.

Al Benjamín Paiewonsky, ingeniero paisajista, diseñador de interiores y catedrático universitario se le tiene en un lugar especial del Jardín Botánico, por ser justamente, junto a otros profesionales, uno los diseñadores del proyecto. También fue su primer director.

Después de 26 años de trabajo, en los que ocupó distintas posiciones, García fue designado en 2007 director del Jardín Botánico Nacional. Su amigo Milcíades Mejía, quien estuvo al frente de la institución durante años, cedió el  mando el año pasado y se quedó como asesor. Todos los días  hace un recorrido por algunas áreas para observar las especies que allí se desarrollan y escuchar el canto alegre las aves.

La dedicación, el entusiasmo, la perseverancia y el sacrificio personal de cada uno de los hombres y mujeres que han permanecido al frente del Jardín Botánico Nacional casi desde sus inicios, ha dado sus frutos.   Con altas y bajas, la institución ha sufrido la embestida de numerosos tormentas naturales que han azotado la flora y fauna, pero en cada ocasión había un equipo de trabajo dispuesto a seguir cultivando el “jardín de la vida”.

De todos los fenómenos naturales  que han azotado al país en los últimos 32 años, el huracán “David”, en 1979, y “George”, en 1998, ocasionaron efectos devastadores al Jardín Botánico Nacional.

Aunque fue en 1972 cuando el extinto presidente Joaquín Balaguer ordenó los trabajos iniciales del Jardín Botánico Nacional, la institución fue inaugurada en 1976. Desde sus inicios, el objetivo fue conservar y manejar la diversa y rica flora de la República Dominicana, así como crear un espacio para la contemplación y disfrute de la naturaleza y la educación del pueblo dominicano en los aspectos ambientales.

El Jardín Botánico Nacional lleva el nombre del doctor Rafael María Moscoso porque se le considera  el más calificado y notable cultivador de las ciencias naturales entre los dominicanos. Se distinguió como botánico y realizó admirables estudios sobre la flora nacional, de las cuales dejó constancia en su obra “Familias Vegetales Representadas en la Flora de Santo Domingo”, en 1943, y su catálogo de la Flora Dominicana”.

EL PROTAGONISTA

Ricardo Guarionex García García

Cargo  director del Jardín Botánico,

Dato: Biólogo, Botánico, Científico

Es nativo de Dajabón,  nació el 16 de junio de 1960. En principio quería estudiar economía, pero su amor por las plantas lo motivó a estudiar biología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde se graduó en 1985.

Ingreso al Jardín Botánico Nacional en 1984, siendo estudiante. Recibió la ayuda del profesor Marcano. En 1991 realizó una maestría en Biología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Mayagüez.

En los 27 años que lleva laborando para el Jardín Botánico Nacional, Ricardo García ha participado en cursos y seminarios, talleres, congresos y simposios en México, Nicaragua, Colombia, Panamá, Puerto Rico,  Guatemala,  Costa Rica,  Argentina, Cuba,  Venezuela y Estados Unidos.

García  ha sido, además, asesor y consultor de varias instituciones nacionales y extranjeras, y articulista de revistas científicas.

LA CIFRA

180,000 visitan el Jandín Botánico.   Allí, en ese espacio de vida natural que visitan alrededor de 180,000 personas al año, García ha adquirido sabias experiencias con otros profesionales del área.