Reportaje
Las Fuerzas Armadas ante  sus nuevos roles

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MINERVA ISA Y ELADIO PICHARDO
m.isa@hoy.com.do
Parecía que se quedaban sin oficio, que las extinguiría el ocio. La “guerra fría” había terminado y con ella la “caza de comunistas” que mantuvo ocupadas a la Policía y a las Fuerzas Armadas dominicanas sepultando liderazgos, ideales, esperanzadoras utopías, apretando el gatillo al tenor de la estrategia de Estados Unidos para las milicias de América Latina y el Caribe.

La recomposición del esquema geopolítico al caer el Muro de Berlín en 1989 sumió en una crisis misional a los cuerpos militares, zarandeados por la fuerte corriente en pos de  su reducción o eliminación, tendencia que junto a Europa también promovía EEUU.

A principios de la década de 1990 del siglo XX, las fuerzas militares permanecían en un compás de espera, una especie de limbo, de vacío funcional que pronto llenarían  los “nuevos roles”, la lucha contra el narcotráfico con sus sangrientos ajustes de cuentas, aún sin las dramáticas dimensiones actuales.

Al mediar ese decenio, se seguían disparando diatribas contra las milicias calificándolas de “parasitarias” y “onerosas”. Políticos, historiadores, cientistas sociales reclamaban mayor productividad para miles de hombres aglutinados en el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea, mejor destino para los recursos financieros asignados a “la defensa de la patria”, aunque las últimas guerras contra el vecino fronterizo se libraron en el siglo XIX y en la Revolución de Abril de 1965 los altos mandos castrenses y sus tropas se plegaron a los invasores norteamericanos, salvo los militares constitucionalistas unidos a la resistencia civil.

Mientras les disparaban “misiles”, la oficialidad alta y media de las FFAA seguían impasibles asistiendo al curso de Comando  y Estado Mayor en el Instituto Militar de Educación Superior, fundado en 1983, considerado por varios oficiales el origen de la reforma de los organismos castrenses, por su gran influencia para un cambio de mentalidad en las FFAA. Esto sustenta el vicealmirante Sigfrido Pared Pérez, director del DNI, quien explica la importancia de esa formación para asumir los nuevos roles al finalizar la “guerra fría”.

–En ese curso, la oficialidad media fue adquiriendo experiencia y conocimientos, fueron los primeros que comenzaron a adaptarse o a reenfocar lo que son los estudios de las FFAA y cómo responder a las amenazas que venían sucediendo en los noventa, cuando terminó la “guerra fría” y se reorientó lo que era una crisis misional.

–En los años 90, 91, 92, las FFAA tuvieron que readecuarse y orientar sus objetivos para evitar las nuevas amenazas como el narcotráfico, que comenzó a tener características de amenaza real, la trata de personas, el tráfico de armas,  amenazas que obligaron a las FFAA a tener que readaptarse y hacer prácticas en esas formas de defensa.

En medio de la avalancha de críticas, las instituciones armadas se fueron posicionando, reforzarían su vigencia con la lucha contra el narcotráfico, con más desaciertos que logros entre los encargados de enfrentarlo desde los ochenta. De ahí la expansión  del tráfico y consumo a los que se vincula alrededor del 60% de los delitos  en el país, con barrios minados por unos 20 mil puntos de drogas.

Nuevos roles.   Los escenarios cambian y los modelos  se vuelven inoperantes, desfasan instituciones. Mas la dinámica social reforzó viejas tareas militares, al tiempo que las  nuevas funciones reafirmaban la vigencia de las FFAA, garantizando su permanencia en la  sociedad del siglo XXI, que también tiene entre sus prioridades la inmigración ilegal, el crimen organizado y los desastres naturales intensificados con el cambio climático, así como el terrorismo, que cobra fuerza tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Además el  lavado de dinero, la violencia, delincuencia, tráfico de armas, personas, municiones y mercancías, piratería y pesca ilegal.

En la Conferencia Regional de Jefes de Seguridad del Caribe en 2005, coauspiciada por las FFAA dominicanas y el Comando Sur de EEUU, se planteó la necesidad de la cooperación para lograr la seguridad regional y contrarrestar las amenazas transnacionales. Se enfatizó que los sistemas de seguridad y defensa en los países caribeños tienen el desafío de enfrentar esos nuevos riesgos, en los que se involucran actores con recursos inmensos y acceso a nuevas tecnologías que les permiten operar desde cualquier parte del mundo.

Tareas tradicionales.   En los años noventa, de exacerbado antimilitarismo, las FFAA  eran acusadas de fracasar en la custodia de la frontera con Haití, conducto de armas y drogas, involucrándose oficiales y rasos en el negocio del tráfico humano y de mercancías.

Defensores de ese rol del Ejército ripostan que la frontera  está ilesa, que no se ha perdido un metro. Pero la porosidad, la alta permisividad y corrupción han dado paso a una inmigración haitiana incontenible, y  si bien los militares tienen responsabilidad, sus raíces radican en la falta de una efectiva política migratoria y el interés del empresariado agrícola y de la construcción en obtener mano de obra barata.

Mientras entran haitianos y militares se lucran, miles de dominicanos  viajan ilegalmente a Puerto Rico burlando la vigilancia de la Marina de Guerra. 

Además de su participación en ciclones y otros desastres, las FFAA han asumido la custodia de la foresta desde 1968. Pero la degradación medioambiental es colosal, y ya en  los ochenta apenas quedaba un 15% de la superficie boscosa, pululaban  aserraderos y sinfines  clandestinos, y buena parte de la madera preciosa incautada se exhibía en lujosas residencias de jerarcas militares.

Carencia de mecanismos efectivos

Desde  la primera reunión de ministros de Defensa de las América  en Williamsburg, Virginia, EEUU, en 1995, se evidenció la preocupación de los diferentes países por las  nuevas amenazas y el temor de carecer de mecanismos efectivos para resolverlas. La seguridad de los Estados del Hemisferio se ve afectada en diferentes formas por las amenazas tradicionales y por las siguientes   nuevas               amenazas::

–El terrorismo, la delincuencia organizada transnacional,  las drogas, la corrupción, el lavado de activo, el tráfico ilícito de armas y las conexiones entre ellos.

 –La exclusión social de amplios sectores de la población, que afecta la estabilidad y la democracia. La pobreza extrema, que erosiona la cohesión social y vulnera la seguridad de los Estados.

 –Los desastres naturales y los de origen humano, el VIH/Sida y otras enfermedades, riesgos a la salud y el deterioro al medio ambiente, los ataques a la seguridad cibernética.

 –La posibilidad de  daños en  caso de un accidente o incidente durante el transporte marítimo de materiales potencialmente peligrosos, incluido el petróleo, material radioactivo y desechos tóxicos.

 –La posibilidad del acceso, posesión y uso de armas de destrucción en masa y sus medios vectores por terroristas.

Uno de los grandes retos del Caribe es la protección ambiental, asegurando a largo plazo la viabilidad de los sistemas de recursos naturales y su biodiversidad, ya que la vida de la región depende de ella.

LAS CLAVES

1.  Educación

El rediseño de las FFAA incluye el concepto de modificación y reingeniería del sistema educativo de los militares con miras a reorientarlo hacia sus nuevas funciones.

 2.  Acciones humanitarias

 Además de lo estrictamente militar, defensivo y de combate, el rediseño incluye la adopción de otras  funciones en el área de operaciones humanitarias, de mitigación de desastres y reforzamiento de derechos humanos,  que a juicio de Pared Pérez,  justifican la existencia de unas FFAA en una sociedad democrática que para serlo necesita tener seguridad.