Reportaje
Regularán la venta de alimentos callejeros procesados por haitianos

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El director de Salud Ambiental de Salud Publica dijo que El plan operativo este año prevé “la regulación de la venta de alimentos producidos y procesados por haitianos (perdón, si esto suena feo)”.

Luis Emilio Roa, el funcionario de Salud Pública que tiene sobre sus hombros la responsabilidad  de controlar la calidad de los alimentos que se expenden en la vía pública, desnuda una realidad palpable: “En los últimos tiempos ha habido una grosera proliferación de vendedores de alimentos callejeros, principalmente haitianos. De eso no hay la menor duda. Definitivamente, este ha sido un problema difícil de controlar”.

“El problema de los haitianos en esta actividad es un problema mucho más grave de lo que usted puede imaginar, pero no está fuera de control”. El plan operativo este año prevé “la regulación de la venta de alimentos producidos y procesados por haitianos (perdón, si esto suena feo)”.

Se adoptó la disposición porque “esta es una población sin control, y no es responsabilidad nuestra que los haitianos estén controlados. Y como son gente sin control, se someten a la justicia, y la justicia no sabe donde los encuentra. Si le decomisa un producto ahora, mañana va y lo vende en otro lugar”.

La intención, según el funcionario de Salud Pública, es prohibir definitivamente la venta de alimentos en la vía pública por personas, dominicanos y haitianos, que no están debidamente autorizados.

“Los haitianos no son controlables. Estamos trabajando en eso. Tenemos un equipo de médicos, técnicos y especialistas en manipulación de alimentos que trabajan en este programa, incluida la capacitación”.

Roa es el director nacional de Salud Ambiental de la secretaría de Salud Pública y Asistencia Social. Tiene un personal de apoyo de unos 400 “trabajadores ambientales” a nivel nacional que se dedican a la ardua labor de controlar, supervisar y decomisar o clausurar, si es necesario, los negocios que expenden alimentos que consumen millones de dominicanos.

La manipulación de alimentos no es nada nuevo. Durante décadas, personas de escasos recursos se han ganado el sustento para mantener a sus familias en las esquinas, vendiendo frituras, jugos, frutas, helados, maní, dulces, empanadas, quipes, pastelitos, queso, galletas, mabí, agua en bolsitas plásticas, yaniqueque, pescado frito, friquitaqui, yuca con espagueti, arenque, bacalao, arroz, habichuela, plátano, guineo, yautía, chicharrón, casabe, longaniza, morcilla, pescado frito, tostones, frito de batata, carne y otras variedades de alimentos que se expenden al público  en las calles de las principales poblaciones y campos del país.

“Esta actividad es muy difícil, sumamente difícil de controlar. Lo que ocurre es que si a un haitiano le decomisamos una bandeja de dulces, para citar un ejemplo, ahorita aparece con otra bandeja de dulces en otra parte. Esto es difícil y hasta riesgoso para nosotros porque uno no sabe donde ellos procesan estos alimentos, y lógicamente andar detrás de cada uno de estos vendedores es imposible”.

No hay estadísticas de cuántos vendedores ambulantes, dominicanos y haitianos, se dedican a esta  actividad. Pero 500 ó más decomisos por día que realizan los empleados de Roa en todo el país pueden ofrecer una idea aproximada del número de personas  que comercializan de manera directa o indirectamente en este negocio informal.  

“Día a día estamos decomisando estos alimentos, estos artículos a vendedores de la vía pública. Lo que ocurre es que usted toma alguna acción contra ellos en una esquina, y al día siguiente se mudan a la otra esquina. En el caso de los haitianos, se movilizan de un pueblo a otro”.

La incursión de inmigrantes del vecino país en esta dinámica de comercio informal, que cada día aumenta en las vías de los centros urbanos del país,  ha dimensionado el problema pues, según Roa, en la mayoría de los casos los vendedores no tienen nombre, ni domicilio, y siempre se resisten a los análisis de laboratorio que exigen las autoridades para operar la venta de alimentos en puestos fijos o móviles. Se trata de evitar que los consumidores contraigan enfermedades infectocontagiosas. Recientemente se creó la Unidad para el Control de Alimentos Vendidos en la Vía Pública.

Ingerir cualquier tipo de alimento en la vía pública, sin ningún control sanitario, implica riesgos de salud. En la mayoría de los casos, los clientes no preguntan la procedencia de lo que consumen, ni el lugar donde se procesan. Salvo excepciones, las personas afectadas no reportan los casos a las autoridades. Prefieren automedicarse para superar el problema.

Las regulaciones para el control de alimentos y bebidas que se expenden en la vía pública están contenidas en el Reglamento 528. Como otras tantas disposiciones legales, nadie las respeta.

Ayuntamientos no cooperan

Una de las quejas de Roa en la búsqueda de soluciones es la poca colaboración que recibe Salud Pública de los ayuntamientos del país.

Cita varios casos de vendedores desalojados de áreas de hospitales, por ejemplo, y al día siguiente retornan con permisos otorgados por las autoridades municipales. Un caso reciente ocurrió en el entorno del hospital Luis Eduardo Aybar (antiguo Morgan)

“Una de las grandes dificultades que tenemos en el caso de los vendedores de alimentos en las vías públicas, en el caso de los hospitales, los hemos desalojado mil veces, pero vuelven y nos traen un documento donde muestran que han pagado al Ayuntamiento el derecho de estar vendiendo en ese lugar”.

En la búsqueda de superar esa dificultad, Roa le comunicó al síndico Roberto Salcedo Gavilán los contratiempos que confrontan los “trabajadores ambientales”. Actualmente se coordina  entre Salud Pública y el ADN para adoptar acciones comunes ante la avalancha de vendedores de alimentos en el entorno de los centros de salud. Esa alianza permitió desalojar a decenas de personas que manipulaban y vendían “comida de la calle” en los alrededores de Salud Pública.

“Los vendedores ambulantes que se dedican a manipular alimentos no deben estar en ningún lugar donde constituyan un riesgo, una amenaza. Estamos coordinando con los distintos gobiernos locales a los fines de que limitemos zonas, áreas específicas. Claro está, el estilo de estas personas no es establecerse en un punto, sino movilizarse de un  lugar a otro”.

“Esas porquerías…”

El funcionario de Salud Pública recomienda a los dominicanos hacer un poco de conciencia de que “esa porquería, esa calidad de alimentos que usted encuentra vendiendo en una esquina no está sometida a los rigores de controles sanitarios. Hay que comenzar a hacer conciencia. Esos mismos alimentos lo comercializan en otros lugares que están bajo control”.

“Hay esquinas que usted encuentra 30 y 40 vendedores con bandejas de dulces, galletas, queso, ¿entiende? Esa es la realidad del caso. Es muy difícil la situación”.

Sin embargo, Roa  insiste en que la situación va a mejorar. Menciona los casos de vendedores de la Ciudad Colonial, de la playa de Boca Chica y de otros polos turísticos que han sido adiestrados y organizados para manipular alimentos. En esa tarea están involucradas las secretarías de Salud Pública y de Turismo y algunas entidades privadas.