Reportaje
Roberto Alomar Un seguro Cooperstown

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Por ahí se acerca la fecha del anuncio de las nuevas inducciones al Salón de la Fama de Cooperstown y cuando llegue ese momento en enero, no hay dudas de que el nombre de Roberto Alomar aparecerá como uno de los nuevos inmortales.

Y cómo dudarlo si estamos hablando del hombre que, probablemente, fue el mejor segunda base de todos los tiempos.

Alomar combinó perfectamente un brillante juego defensivo, con una ofensiva pocas veces vista en la segunda base.

Para el nativo de Ponce, quien debutó en las mayores en la temporada de 1988 con los Padres de San Diego, el juego de béisbol parecía mucho más que fácil.

Hijo de Santos Alomar y hermano de Santos Alomar Jr., Sandy, Roberto era el más joven de los hermanos que llegaron a hacer pareja con los Padres de San Diego.

Alomar no necesitó mucho tiempo para enseñar las potentes y múltiples herramientas que poseía para el juego.

En su primera temporada fue titular en la segunda almohadilla, jugando 143 partidos en un equipo que contaba con nombres como los de Tony Gwynn.

Alomar, sin embargo, no duró mucho con los Padres, jugando tres campañas en San Diego antes de encontrar su gran nicho con los Azulejos de Toronto, franquicia con la que fue campeón en 1992 y 1993 y se vistió de gloria.

Sus logros.  Desde 1991 y hasta 1996, Alomar ganó seis Guantes de Oro en forma consecutiva antes de tomarse un receso en el 1997 para hilvanar una segunda racha de cuatro nuevos guantes dorados entre 1998 y el 2001 para sumar 10 en su carrera.

Pero Alomar no solo era destacado, sino que también era muy querido entre la fanaticada de sus conjuntos.

Debutó en el Juego de Estrellas de 1990 y asistió de manera consecutiva a 12 Clásicos de Mitad de Temporada hasta la temporada del 2001 cuando estuvo con los Indios de Cleveland.

En el Juego de Estrellas de 1998, en el Camden Yards, de la ciudad de Baltimore, Alomar fue reconocido como el Jugador Más Valioso de ese partido.

Otros puntos luminosos en su carrera de 15 temporadas en las Grandes Ligas son sus cinco Bates de Plata y un premio al Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de 1992.

Sus números.  En sus 15 años en las mayores, terminó con un promedio de .300, producto de 2,724 indiscutibles en 9,073 turnos al bate.

También acumuló 210 cuadrangulares y remolcó 1,134 vueltas, además de sumar 504 dobles y 80 triples en una carrera redonda de mucho empuje.

En 10 ocasiones bateó por encima de .300, siendo su mejor promedio los .336, con los Indios de Cleveland en la campaña del 2001, cuando también disparó 20 cuadrangulares y remolcó 100 vueltas.

Sus Series Mundiales.  En 1992, Alomar llegó a la Serie Mundial con los Azulejos de Toronto, luego de haberse quedado en el camino el año anterior en la Serie de Campeonato contra los Mellizos de Minnesota.

Aunque sus contribuciones no fueron del todo impresionantes en el plano ofensivo ante los Bravos de Atlanta, (bateó .208 en los seis partidos), su defensa se mantuvo igual de impecable y ayudó a preservar las victorias de Toronto.

Un año más tarde, en 1993, Alomar acabó con el pitcheo de los Filis de Filadelfia, registrando un promedio de .480, con seis remolcadas en una serie que también se fue a seis encuentros y que resultó en victoria para los Azulejos.

Otros candidatos.  Para esta “promoción” de los inmortales suenan varios nombres relevantes como son los casos del Halcón Andre Dawson, quien fue una gloria con los Cachorros de Chicago y superó los 400 jonrones, pero ha esperado por nueve años por ser escogido.

Otro que es elegible, aunque en su caso por primera vez, es el boricua Edgar Martínez, el primer y verdadero bateador designado nato de las mayores.

De todos ellos, el que tiene más méritos es Alomar, sin duda alguna.