Reportaje
Un tesoro para el país

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El rico patrimonio  en libros y documentos del historiador, sociólogo  y profesor Franklin Franco pertenecerá  al pueblo en el Museo de la Resistencia

“Siempre he tenido vocación por la compra de libros viejos, usados, adquiridos en la calle o en librerías, como Porrúa, de México, que tenía también una editorial dedicada a reproducciones de obras antiguas”.

Franklin Franco Pichardo, historiador, sociólogo, catedrático universitario, escritor laureado, se remonta a sus años de exilio en la capital azteca, en Cuba, Venezuela, Costa Rica, Curazao, Estados Unidos donde inició esa pasión bibliográfica que no sólo lo convirtió en propietario de una de las más demandadas tiendas de libros de Santo Domingo, la “Librería Nacional” de la Arzobispo Nouel esquina Espaillat, sino en el dueño de un acervo de 18 mil 100 volúmenes del que ahora, desinteresado, se despide.

Con el rico patrimonio se va su archivo de alrededor de dos mil 500 documentos sobre la juventud dominicana y sus organizaciones políticas desde finales de 1959 hasta 1978. Se trata de “cartas, volantes, manifiestos, programas políticos, discursos de personalidades, llamamientos a la resistencia y, sobre todo, muchos papeles de grupos clandestinos de la oposición al régimen de Balaguer durante los 12 años”, manifestó el académico y reconocido antitrujillista.

Todo este valioso acopio fue donado bajo contrato notarial al Museo Memorial de la Resistencia “porque sus propósitos están muy acordes con mis ideas sobre la lucha por la libertad en nuestro pueblo”, señaló Franco Pichardo. Esta institución, que agrupa a la mayoría de las fundaciones patrióticas, está proyectada para iniciar sus labores en junio de este año dentro de las actividades conmemorativas del cincuentenario del Movimiento Revolucionario 14 de Junio. Está localizado en la calle “Arzobispo Nouel” 210.

Franklin dice estar convencido de que esta biblioteca, calculada en dos o tres millones de dólares, “será un aporte al desarrollo intelectual de la generación de dominicanos que comienza a formarse”.

En casi medio siglo, el ex director de Investigaciones Científicas de la UASD y ex miembro de la directiva de la Academia Dominicana de la Historia acumuló rarezas criollas y extranjeras incomparables y, aunque tiene un considerable número de volúmenes de historia colonial y moderna centrada en el Caribe, su haber más voluminoso es de temas de sociología.

Significa que una de las razones que lo motivaron a donar esta riqueza “es que aquí hay una orfandad bibliotecaria, pero además, sufrimos una desnudez bibliográfica sobre las ciencias sociales en general, y yo creo que he reunido, si no la más completa, ando cerca del fondo” más copioso “sobre esas áreas en República Dominicana: historia, sociología, antropología, política, etc.”, enfatizó el prolífico autor nacido en Santiago de los Caballeros el 14 de noviembre de 1936, hijo de Isaías Franco Bidó y Antonia Pichardo.

Algunas rarezas.  Los libros, ya inventariados, ocupan tres inmensos salones de la amplia residencia del director del equipo de investigadores que preparó en 1978 la primera edición de la “Enciclopedia Dominicana”. Más de mil 500 volúmenes son de Economía, otros de Filosofía, métodos y técnicas de investigación histórica y de las ciencias sociales en general, diccionarios especializados, álbumes, enciclopedias, colecciones…

Posee todas las publicaciones de Emilio Rodríguez Demorizi, y casi todas las de otros historiadores locales, entre ellos, Américo Lugo, Fernando Arturo de Meriño, Vetilio Alfau Durán, José Gabriel García y sus hijos, Juan Isidro Jimenes Grullón, Roberto Cassá, Ramón Marrero Aristy, Cayetano Rodríguez, Fray Cipriano de Utrera… De este tiene la “Historia Militar de Santo Domingo (Documentos y noticias)” de la que sólo circularon 40 ejemplares.

Una de sus joyas es “Biblioteca de autores españoles, Desde la formación del lenguaje hasta nuestros días”, Colección Rivadeneira que se empezó a imprimir en 1910 y del que se han editado más de 100 volúmenes, dice. Él tiene cerca de 70.

Tiene un “Anuario Dominicano del gran mundo” que no circuló en la República, según cuenta. Contiene datos biográficos, a manera de diccionario, de figuras de la “Alta Sociedad Dominicana”, ilustrados con fotos prácticamente desconocidas. Data de 1956 y tiene anuncios de establecimientos comerciales de la época.

Cuenta con la primera obra editada sobre el golpe militar de Salvador Allende, “La verdad sobre Chile”, de Winston Orillo y con “Marinero en tierra”, de 1924, que le dedicó con un tierno dibujo su autor, Rafael Alberti. “Para Franklin Franco. De su nuevo amigo”, le escribió en Roma, en 1966, en la presentación de “República Dominicana: Clases, crisis y comandos”, de Franco, traducido al italiano.

Otras antigüedades son las colecciones de leyes, decretos y resoluciones emanadas de los poderes del Estado, ordenadas por Meriño, y los trabajos científicos del Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Sevilla en 1935. A éstas se agregan todos los libros y álbumes dados a la luz durante el trujillato y los publicados tras el tiranicidio.

El ex guerrillero del comando “Madruga” que se entrenó militarmente en Cuba, confiesa las motivaciones de su desprendimiento de tan extraordinario bien. “Entré en un conflicto interior sobre el destino de mi biblioteca que me duró un año, porque entendía que tenía un acervo cultural sumamente valioso que no debía perderse ni disgregarse y me preocupaba el mantenimiento integral de la misma y el uso que dieran de ella en el futuro. En ese proceso de reflexión comprendí que era injusto mantener esa biblioteca bajo propiedad privada, bajo un único dueño o una sola familia y decidí donarla, no venderla, a una institución que yo entendiera podía preservarla y ponerla al servicio del pueblo, sobre todo de la juventud”.