Republicanos españoles: emoción y perfección

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Una vez más, el Museo Bellapart es la sede de un acontecimiento plural. No solamente, despliega desde su fondo de obras esculturas, pinturas, dibujos, gráfica y documentos, excelentemente presentados, sino que los sitúa en el contexto histórico, con conferencias de excepción.

Elogiar programación, actividades y exposiciones de esa institución puede parecer reiterativo. Simplemente corresponde a la realidad de un coleccionista, tan intuitivo como experto, Juan José Bellapart, cuya esposa Milagros se entregó a la investigación, cuyas hijas Maribel y Mari Pili manifiestan un seguimiento creciente. Ni hablar de la dirección institucional experta de Myrna Guerrero, historiadora, crítica y artista, que conjuga la organización y la firmeza, el saber y la sensibilidad.
La actual exposición, que tenemos la oportunidad de disfrutar hasta el 16 de enero, se titula “Metamorfosis en el exilio. Republicanos españoles en la Colección Bellapart”, título extenso pero plausible, que sintetiza 70 piezas magistrales, su definición y período, su fuente y sitial. Un catálogo excelente –concepción, imágenes, textos, incluyendo un análisis histórico-geográfico de los catedráticos Rafael López y Yolanda Guash– es el testimonio perenne, con un diseño más que atractivo de Samantha Sánchez, también autora de las “Líneas de tiempo”.
Es una verdadera visita gráfica guiada a los respectivos itinerarios artísticos de Ángel Botello Barros, Josep Gausachs Armengol, Eugenio Fernández Granell, Manolo Pascual, Antonio Prats-Ventós Ramón Prats, Francisco Vásquez Díaz, José Vela Zanetti y Alfonso Vila Shum.
La exposición. Colectiva e individual al mismo tiempo, la muestra ameritaría varios artículos, a veces más de uno por artista… La curaduría de Myrna Guerrero evita la colocación meramente cronológica –a menudo tediosa– y elige un montaje según ámbitos y segmentos: campo y mar, flora y fauna, retratos, geometría sensible, con una evolución hacia la modernidad, más acentuada. Textos breves, justos y necesarios, los acompañan.
Los artistas españoles, talentosos todos, aunque de edad y posición disímiles, tenían información al día y formación académica, salvo los muy jóvenes. Observamos cómo cambiaron sus cánones estéticos en la República Dominicana: color, líneas, texturas, estilo, espacio, en pintura y en escultura. Ahora bien, no dejaron de guardar parte de sus improntas respectivas de dominio académico. ¿No decía Fernando Peña Defilló de Gausachs que él había conservado “el estilo representativo de la escuela catalana de pintura”?
Pese a duras penurias, el clima, la naturaleza, la gente, las oportunidades de exponer y enseñar convirtieron aquel exilio tropical en un ascenso e implicación profesional, definitivo o temporero –para quienes decidieron cambiar de exilio–.
Estupendas exposiciones anteriores del Museo Bellapart nos habían permitido comentar dibujos y pinturas de Josep Gausachs, esculturas de Manolo Pascual y de Antonio Prats-Ventós, así como obras mixtas de Fernández Granell, celebrando su “mudanza” de la música a las artes visuales, fascinados por su inventiva de mundos indefinibles.
Hoy, volveremos hacia Antonio Prats-Ventos como pintor, excelentemente representado en esta exposición. Veinte años han transcurrido desde su partida, pero la emoción sigue, y tal vez más fuerte, para quienes han tenido el privilegio de conocer al amigo.
Antonio Prats-Ventós, pintor. “Amar el arte no es suficiente: se necesita pasión”, decía el maestro. Si esta pasión se impone e impacta en su escultura, no dejamos de encontrarla en su pintura, que –sin embargo– él estimaba menor.
Hoy, delante de las obras pictóricas de “Tony”, aquí expuestas, las consideramos como una muestra de pasión, de oficio, de armonías, y de una cierta mística. Con absoluta razón, Myrna Guerrero ha elegido la “Niña criolla del cafetal” para ilustrar la portada del catálogo. Es una versión exquisita de la fisionomía criolla : la niña nos mira con sus grandes ojos que piensan, y la naturaleza, entre verdor de las hojas y carmín de las frutillas, mucho más que un fondo, condiciona el esplendor resultante. Hay mucho amor en este retrato imaginario.
Nuevamente, la naturaleza ilumina, casi con un efecto fantástico, el cuadro “Flamboyán”, una obra maestra del paisajismo dominicano y visión excepcional del árbol simbólico. El color arde, y la composición, absolutamente asimétrica, sin embargo ostenta un equilibrio impresionante: el anaranjado solar impone su grandeza cromática. Y no olvidemos, en el efecto mágico, la diminuta sombra.
Deslumbra nuevamente el “Tropel”, que agrupa “el animal de gesto arrogante” (María Ugarte), adueñándose del espacio, sobresaliendo en la claridad brillante.
El diseño, el planteamiento, la fuerza, la nobleza son algunos de los valores de este óleo sobre lienzo… que podría tener también una simbología totalizante.
Y, por supuesto, hay más telas que nos atraen, como uno de los pocos bodegones de Prats-Ventós y su verticalidad ritmada, o el rostro enigmático de la “Negrita con turbante”, que no deja de tener una connotación sacra.
Este muy breve comentario sobre algunos cuadros de un autor podría extenderse a prácticamente cada una de las obras, a cada uno de los artistas expuestos. No cabe la menor duda: “Metamorfosis en el exilio, Republicanos españoles en la Colección Bellapart” es el evento del año, aparte de conmemorar ocho décadas de una llegada bienvenida.