Requisitos para ser homenajeado

HAMLET HERMANN
Las necesidades del ser humano no son sólo de orden material. La mayoría de las veces el simple reconocimiento de alguna cualidad personal se aprecia más que todo el dinero del mundo. Quizás por eso somos educados para tratar de ser galardonados de manera sobresaliente. Muchos sueñan con una calle que lleve su nombre, una condecoración oficial con una pensión adjunta, honores militares al momento de su funeral y, por sobre todas las cosas, que el féretro sea cubierto por la bandera nacional.

Sin embargo, quedan en una nebulosa los requisitos necesarios y suficientes para ser reconocidos por los gobiernos y por la sociedad. Buscando entre los nombres de las calles dominicanas, los galardonados con las órdenes excelsas y los funerales más rimbombantes es difícil encontrar las buenas cualidades que un ciudadano debe reunir para que sea reconocido y homenajeado por el “establishment”.

Si alguien no se sometió a la tiranía trujillista no calificará para homenajes. En República Dominicana no hubo ajuste de cuentas con los secuaces y servidores de Rafael

Trujillo, Padre de la Patria Nueva, puesto que luego de un breve receso de cinco años los trujillistas volvieron a gobernar el país con Balaguer a la cabeza. Esto así, los que enfrentaron la tiranía tuvieron que seguir combatiendo a los mismos de antes y, como es de esperarse, nunca serían galardonados.

Si un ciudadano apoyó el gobierno democrático de Juan Bosch en 1963 y luego se opuso al golpe de Estado que lo derrocó, tampoco califica para reconocimientos. Condecorados y premiados han sido los que patrocinaron y respaldaron el

cuartelazo militar de 1963. Esos sí recibieron medallas por haber apoyado los asesinatos de Manolo Tavárez Justo y decenas de sus compañeros de la Agrupación Política “14 de Junio”. Merecidos fueron los galardones para los que apoyaron el gobierno golpista con el que se dio inicio a la era de la corrupción administrativa y la impunidad más descarada de la historia que todavía perdura.

Tampoco califica para homenajes aquel ciudadano que fuera capaz de tomar las armas o gritar “Yankee go home” para enfrentar la tercera invasión estadounidense contra República Dominicana en el siglo veinte. Condecorados y premiados han sido aquellos que sirvieron como colaboradores y verdugos de las tropas invasoras. ¿Quién dijo que la patria dominicana podía considerarse mancillada si su territorio era hollado por tropas norteamericanas?

Por el contrario, para los que recibieron galardones, esa otra invasión contribuyó a consolidar la democracia “made in USA”.

Que no se haga ilusiones de condecoraciones y homenajes aquel que haya combatido la corrupción y el crimen de los ominosos “doce años” de gobierno de Joaquín Balaguer. Las calles de Santo Domingo que surgieron a partir de 1966 están reservadas en su gran mayoría para los trujillistas que luego pasaron a ser balagueristas. Si Balaguer fue reconocido por el Congreso Nacional como el Padre de la Democracia Dominicana, todo aquel que haya luchado contra el crimen de Estado y la malversación del erario que él representó, no puede ser galardonado por el sistema político.

Si algún militar o policía osó defender la soberanía nacional para beneficio de la patria y si, además, se negó a cumplir órdenes que llevaran a la tortura y el asesinato de los opositores políticos del régimen, no puede esperar que se le reconozca ni siquiera la pensión que le corresponde por ley. Condecorados han sido los que asesinaron demócratas, constitucionalistas y gente del pueblo. También recibieron riquezas, ascensos de rango y reconocimientos públicos aquellos que luego de posar como constitucionalistas en 1965 se vendieron y traicionaron el juramento que habían hecho.

En estos nuevos tiempos de globalización mal entendida los premios y reconocimientos están al alcance de quienes se desborden en elogios hacia el Faro a Colón, la privatización de las empresas estatales, la construcción del Metro subterráneo, la isla artificial o el tratado de libre comercio con Estados Unidos. Con ese aval no hay que dudar que por lo menos una medallita o una pensión jugosa le sale. Por el contrario, los que se oponen a esas genialidades de la modernidad sólo pueden esperar agresiones y castigos de diversas formas.

El corolario de este comportamiento histórico es que privilegia para los homenajes a los que colaboraron con

Trujillo. Se exalta la memoria de quienes participaron en

el golpe de Estado de 1963 contra el gobierno de Juan Bosch y luego apoyaron la invasión militar estadounidense en 1965. Se galardona a quienes defendieron los reiterados fraudes electorales de Balaguer, así como participaron de sus gobiernos depredadores. Asimismo se reconoce a los que han continuado con aquellas políticas que no ha sido otra cosa que la vergonzosa entrega del patrimonio nacional. Y parece que no hay cambio de criterio a la vista.