Responso por Caonabo Fernández Naranjo

UBI RIVAS
El día once de este mes falleció, a los 88 años, aquejado de varias serias dolencias, el doctor Caonabo Fernández Naranjo, el único dominicano que recuerde este servidor que se desempeñase como presidente de la Suprema Corte de Justicia y presidente de la Junta Central Electoral.

El presidente Juan Bosch designó en su histórico y ejemplar gobierno de apenas siete meses al doctor Fernández Naranjo presidente de la SCJ y el presidente Antonio Guzmán lo había designado procurador general de la República desde el inicio de su administración, la mejor del siglo XIX.

Conocí al doctor Fernández Naranjo en 1960 cuando se desempeñó como procurador de la Corte de Apelación de Santiago de los Caballeros, residiendo en la intersección de la calle El Pantalón, bifurcación de la Máximo Gómez y Eladio Victoria, frente a la casa donde residió el doctor Joaquín Balaguer y su familia. Modestia, mesura, cero oropel fueron algunas de sus gemas.

Largos ratos conciabulaba con Caonabo y su esposa Nilda, siendo un expositor no solamente de la ciencia que estudió, sino de ricas vivencias con personajes, relator veraz y fidedigno de un cúmulo de hechos históricos, un interlocutor ameno, sereno, que nunca le escuché alzar el tono de su voz ni desmeritar a nadie ni por asomos, ni pronunciar una palabra descompuesta (mala palabra). Jamás.

Caonabo Fernández Naranjo era un lord de la conducta en sentido general, un hombre de una educación natural integral, de principios espléndidos y su deceso, luego de 13 días de agonía, nos transmite a quienes lo conocimos a fondo y lo amamos, un de ninguna manera disimulado luminoso resplandor, así como ejemplo paradigmático para las atribuciones de la judicatura, siempre muy en cuestionamiento.

En una ocasión escribí de su persona como referente en función de dechado, definiéndolo como “Caonabo de Oro”, en alusión a una presea concedida por méritos ciudadanos sobresalientes.

Se nos fue el Caonabo de Oro. Paz a sus restos. Imposible de olvidar. Consuelo y resignación a sus familiares.